Hace unos añitos, el psicólogo Edward de Bono creó el término pensamiento lateral para designar a aquellos procedimientos mentales creativos que una persona puede utilizar para la resolución de un problema. Es decir, el pensamiento lógico (llamado “vertical”) no siempre está preparado para lidiar con problemas nuevos.
Se postula que “exponemos algo que debe ser resuelto, parece muy difícil de solucionar; pero si pensamos lateralmente, evitando lo lógico o lo obvio, enfrentamos viejos y nuevos problemas con nuevas ideas”. A pesar de que este concepto de razonamiento fue postulado allá por 1967, últimamente se ha vuelto a poner de moda, vaya a saber Dios por qué.
En psicología se conoce también el pensamiento tangencial (aquel que se escapa por la tangente, nunca va al grano) o el pensamiento concreto (falto de abstracción, poco imaginativo). Modestamente, propongo un nuevo método para enfrentarse con los males de este mundo: el pensamiento elíptico (espero que no esté registrado!).
¿En qué consiste? Dado un problema, en lugar de seguir un pensamiento lineal (“si pasó esto, entonces…”), debe seguirse una senda elíptica, suene o no a cosa lógica. Veamos algunos ejemplos al uso:
1) Un hombre fue a una fiesta y bebió algo de ponche. Después se marchó pronto. El resto de los invitados que bebieron el ponche murieron a continuación envenenados. ¿Por que no murió el hombre?
Pensamiento lateral: El veneno estaba en los cubitos de hielo. Cuando el hombre bebió, el hielo aun estaba congelado.
Pensamiento elíptico: el tipo era el envenenador. Se tomó su ponche y envenenó el resto. Si no, ¿porqué se marchó pronto?
2) Se organiza una expedición arqueológica al Monte Ararat, donde se supone que descansó el arca de Noé después del diluvio y excavando, excavando, el jefe de la expedición descubre los cadáveres de un hombre y una mujer desnudos y bien conservados, puesto que estaban en la nieve. En cuanto los ve grita a sus compañeros “Mirad; son Adán y Eva”. ¿Por qué supo que eran precisamente Adán y Eva?
Pensamiento lateral: Porque no tenian ombligo.
Pensamiento elíptico: Porque tenían el DNI colgando del cogote (ahora que lo pienso, ¿cómo harán en las playas nudistas?).
3) Una noche, aunque mi tío estaba leyendo un libro apasionante, su mujer le apagó la luz. La sala estaba tan oscura como el carbón, pero mi tío siguió leyendo sin inmutarse. ¿Cómo es posible?
Pensamiento lateral: Mi tío era ciego y estaba leyendo en Braile.
Pensamiento elíptico: El libro estaba impregnado con fluor o fósforo, lo cual le hace brillar en la oscuridad.
4) Un joven, por salir de prisa a encontrarse con sus amigos, dejó olvidada la licencia de conducir. Una vez en la calle no se detuvo en la luz roja y siguió por una vía de sentido contrario. Todo esto fue observado por un policía de tránsito, quien no hizo el menor intento para impedírselo o para citarlo. ¿Por qué?
Pensamiento lateral: El joven iba a pie.
Pensamiento elíptico: El joven era el hijo del Intendente; el policía de tránsito lo conocía, y no tenía ganas terminar su carrera dirigiendo el tránsito en Nepal.
5) Un hombre vino a visitar a las monjas del convento cuando la Madre Superiora se encontraba de viaje. Se marchó antes de que la Madre regresara, y fue muy cuidadoso al no dejar nada que revelara su estadía alli. Las monjas no dijeron nada acerca de la visita. Entonces, ¿cómo supo la madre superiora que un hombre había estado en el convento?
Pensamiento lateral: La tapa del váter estaba alzada y el borde salpicado.
Pensamiento elíptico: La videocasetera del convento estaba programada correctamente!
Ahora bien, ¿qué aplicación real tiene este tipo de pensamiento? Supongamos, señora, señor, que un desconocido le aborda en la vía pública y le pide/exige/propone algo que no le apetece a Vd., digamos alguien que, mediante la culpa, le pide algún dinero para el Hogar de Niños Tiroleses Anoréxicos de Baviera. La gente le mira, con cara de “dale algo, miserable!” ¿Qué hacer?
Un pensador vertical le dará la guita, o no; y un pensador lateral tal vez le pida al pedigüeño el carnet o detalles sobre el Hogar. Ambos métodos son, sin embargo, lineales y lógicos: le dan pelota al problema, intentan resolverlo. A un pensador elíptico, mes amís, todo le importa un rábano; ante una pregunta tipo “quisiera donar el vuelto de su compra a la Fundación Zaratustra?”, contestará de manera ilógica: “Disculpe, no hablo castellano”, “En Alejandría, si no llueve”, “disculpe, los derviches no nos detenemos ante nada” o alguna tontería similar. Es decir, no-lineal.
Ignoro si este es un procedimiento sabio, ya que es una teoría aún en pañales. Lo único que puedo asegurar es que funciona (lo siento, soy resultadista). Lamentablemente, como efecto secundario, me he hecho fama de loco en el barrio…
NB: en el Problema 2 hay dos inexactitudes: el monte Ararat de la Biblia no es el de Armenia, que recibiría su nombre muuucho después; el otro error es ¿qué carajo estaban haciendo Adán y Eva en el Arca de Noé?.
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