Rube Goldberg fue un dibujante norteamericano que nació en 1883 y murió en 1970, y creó un género de chiste visual que aún perdura: las “máquinas de Goldberg”.

Son complejos dispositivos compuestos por cientos de elementos que interactúan entre sí como consecuencia de una acción detonadora de la cadena, realizando una tarea muy simple de una manera muy indirecta y complicada (abrir una puerta, preparar una tostada) mediante complicados sistemas de poleas, engranajes, fichas de dominó o bolas que ruedan. El término “máquina de Goldberg” también se aplica a cualquier aparato o programa de software que resulta más complicado de lo que es necesario para completar la tarea para la que fue diseñado.

Confieso que siempre me fascinó este tipo de artilugios, porque sospechaba que había una gran inteligencia detrás de tanta pieza móvil; que esa masa caótica, esa escultura inquieta e indecisa rendía tributo al ingenio humano.

Lamentablemente, estoy empezando a sospechar que en mi vida diaria hay más de una máquina Goldberg, que cada salto que doy para no pisar un sorete de perro cuando camino por las veredas de Dios, cada persona que me lleva por delante, cada timbre que toco, desencadena una serie de eventos desconocidos para mí, que terminarán – algún día – encendiendo una lamparita, dándole de comer al gato o encendiendo la radio.
Vivimos una vida caótica. ¿Y si ese caos, en realidad, es necesario para que, en otro sitio, otros reciban el fruto de estas complicadas operaciones?

Imaginemos que un gobierno X toma una medida económica para frenar el crecimiento de una corporación Q que le hace sombra, digamos una fábrica de analgésicos. Una medida Goldberg sería subirle a Q los impuestos; Q se indigna y manda a sus parientes y empleados, que amenazan a la población con desabastecer de medicamentos; ésta hace grandes demostraciones de fuerza, reclamando a X que cese en su injusticia, que por su culpa se ha quedado sin medicamentos (ni una aspirina quedó, vea); X mueve a sus familiares y empleados para que convenzan a la población de que Q es el responsable de los males de este mundo, y que…
Creo que la cadena sigue (los elementos de una máquina Goldberg no tienen conciencia de su papel), y se extiende en el horizonte, pero tiene un fin. Por fuerza, debe tenerlo.
No sabemos el resultado final, ni cuál es el beneficio final. Lo único que sé es que a muchos les duele la cabeza. Pero creo que, como decía mi abuela, es por el hambre…

NB: acabo de darme cuenta que la X se usa en reemplazo de “Crist” en algunos idiomas (Xmas, Xian, etc). Juro que fue coincidencia.


En la literatura fantástica o de ficción existe un subgénero conocido como ucronía en donde se especula con líneas temporales alternativas a las ya conocidas; por ejemplo, ¿qué pasaría si la bomba atómica no hubiese sido arrojada sobre Japón en 1945?
Ejemplos conocidos de ucronías son “Fatherland” de Robert Harris (Hitler no perdió la guerra); “Pavana” de Keith Roberts (la reina Isabel de Inglaterra es asesinada en 1588, lo que permite la supremacía de la Iglesia en Europa) o “Lo que el tiempo se llevó” de Ward Moore (los confederados ganan la Guerra Civil estadounidense). El chiste está en elegir un nudo histórico clave, como el Descubrimiento de América, la Reconquista española o la Revolución Industrial en Inglaterra, y jugar con las fuerzas predominantes en ese período como en un sofisticado ajedrez; algunas veces desembocan en discronías (presentes negativos) y otras en eucronías (mejores que la historia actual).
Jugueteando un poco con la idea, pensé un poco en nuestro terruño: ¿y si Mariano Moreno no hubiese muerto en alta mar? ¿O si en las Invasiones Inglesas hubiéramos perdido? ¿Cómo serían hoy las cosas? Como cada nudo histórico está emparentado con otros sucesos mundiales, tal vez la historia sería peor o mejor que ésta, pero tal vez sabría menos amarga. Según de qué lado del mostrador estuviese uno, claro…
Estas especulaciones me llevaron a mirar más cerca aún: mis propios nudos históricos. En nuestra historia personal hubo puntos claves en los que hemos tomado decisiones cruciales que influyeron en nuestro presente, y en el de otras personas. ¿Y si hubiera aceptado tal o cual propuesta? ¿Y si hubiera tomado ese tren que dejé pasar? ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Sería el mismo tipo?
Da que pensar… especialmente cuando uno acaba de cumplir años, y se siente obligado a mirar hacia atrás, y ver qué ha hecho con su vida.

Hace unos añitos, el psicólogo Edward de Bono creó el término pensamiento lateral para designar a aquellos procedimientos mentales creativos que una persona puede utilizar para la resolución de un problema. Es decir, el pensamiento lógico (llamado “vertical”) no siempre está preparado para lidiar con problemas nuevos.
Se postula que “exponemos algo que debe ser resuelto, parece muy difícil de solucionar; pero si pensamos lateralmente, evitando lo lógico o lo obvio, enfrentamos viejos y nuevos problemas con nuevas ideas”. A pesar de que este concepto de razonamiento fue postulado allá por 1967, últimamente se ha vuelto a poner de moda, vaya a saber Dios por qué.
En psicología se conoce también el pensamiento tangencial (aquel que se escapa por la tangente, nunca va al grano) o el pensamiento concreto (falto de abstracción, poco imaginativo). Modestamente, propongo un nuevo método para enfrentarse con los males de este mundo: el pensamiento elíptico (espero que no esté registrado!).
¿En qué consiste? Dado un problema, en lugar de seguir un pensamiento lineal (“si pasó esto, entonces…”), debe seguirse una senda elíptica, suene o no a cosa lógica. Veamos algunos ejemplos al uso:

1) Un hombre fue a una fiesta y bebió algo de ponche. Después se marchó pronto. El resto de los invitados que bebieron el ponche murieron a continuación envenenados. ¿Por que no murió el hombre?
Pensamiento lateral: El veneno estaba en los cubitos de hielo. Cuando el hombre bebió, el hielo aun estaba congelado.
Pensamiento elíptico: el tipo era el envenenador. Se tomó su ponche y envenenó el resto. Si no, ¿porqué se marchó pronto?

2) Se organiza una expedición arqueológica al Monte Ararat, donde se supone que descansó el arca de Noé después del diluvio y excavando, excavando, el jefe de la expedición descubre los cadáveres de un hombre y una mujer desnudos y bien conservados, puesto que estaban en la nieve. En cuanto los ve grita a sus compañeros “Mirad; son Adán y Eva”. ¿Por qué supo que eran precisamente Adán y Eva?
Pensamiento lateral: Porque no tenian ombligo.
Pensamiento elíptico: Porque tenían el DNI colgando del cogote (ahora que lo pienso, ¿cómo harán en las playas nudistas?).

3) Una noche, aunque mi tío estaba leyendo un libro apasionante, su mujer le apagó la luz. La sala estaba tan oscura como el carbón, pero mi tío siguió leyendo sin inmutarse. ¿Cómo es posible?
Pensamiento lateral: Mi tío era ciego y estaba leyendo en Braile.
Pensamiento elíptico: El libro estaba impregnado con fluor o fósforo, lo cual le hace brillar en la oscuridad.

4) Un joven, por salir de prisa a encontrarse con sus amigos, dejó olvidada la licencia de conducir. Una vez en la calle no se detuvo en la luz roja y siguió por una vía de sentido contrario. Todo esto fue observado por un policía de tránsito, quien no hizo el menor intento para impedírselo o para citarlo. ¿Por qué?
Pensamiento lateral: El joven iba a pie.
Pensamiento elíptico: El joven era el hijo del Intendente; el policía de tránsito lo conocía, y no tenía ganas terminar su carrera dirigiendo el tránsito en Nepal.

5) Un hombre vino a visitar a las monjas del convento cuando la Madre Superiora se encontraba de viaje. Se marchó antes de que la Madre regresara, y fue muy cuidadoso al no dejar nada que revelara su estadía alli. Las monjas no dijeron nada acerca de la visita. Entonces, ¿cómo supo la madre superiora que un hombre había estado en el convento?
Pensamiento lateral: La tapa del váter estaba alzada y el borde salpicado.
Pensamiento elíptico: La videocasetera del convento estaba programada correctamente!

Ahora bien, ¿qué aplicación real tiene este tipo de pensamiento? Supongamos, señora, señor, que un desconocido le aborda en la vía pública y le pide/exige/propone algo que no le apetece a Vd., digamos alguien que, mediante la culpa, le pide algún dinero para el Hogar de Niños Tiroleses Anoréxicos de Baviera. La gente le mira, con cara de “dale algo, miserable!” ¿Qué hacer?
Un pensador vertical le dará la guita, o no; y un pensador lateral tal vez le pida al pedigüeño el carnet o detalles sobre el Hogar. Ambos métodos son, sin embargo, lineales y lógicos: le dan pelota al problema, intentan resolverlo. A un pensador elíptico, mes amís, todo le importa un rábano; ante una pregunta tipo “quisiera donar el vuelto de su compra a la Fundación Zaratustra?”, contestará de manera ilógica: “Disculpe, no hablo castellano”, “En Alejandría, si no llueve”, “disculpe, los derviches no nos detenemos ante nada” o alguna tontería similar. Es decir, no-lineal.
Ignoro si este es un procedimiento sabio, ya que es una teoría aún en pañales. Lo único que puedo asegurar es que funciona (lo siento, soy resultadista). Lamentablemente, como efecto secundario, me he hecho fama de loco en el barrio…

NB: en el Problema 2 hay dos inexactitudes: el monte Ararat de la Biblia no es el de Armenia, que recibiría su nombre muuucho después; el otro error es ¿qué carajo estaban haciendo Adán y Eva en el Arca de Noé?.

® Todos los ejemplos han sido choreados de la Web. El copyright, a quien corresponda.


A los argentinos siempre se nos acusó de tener vocación imperial. Nosotros respondíamos que, si no fuera por las naciones que nos tienen doblegados desde hace tanto tiempo, seríamos una Argentina Potencia. Bien, hace ya rato que perdimos, ya no digamos las oportunidades, si no hasta el sueño de un país fuerte y próspero y la cultura de lo nacional, la imaginería de aquello que nos representa.
Es curioso ver los malabares que hacen los noticieros cuando tienen que bautizar un suceso que ocurre en otro lar, pero que repercute en el nuestro. Cuando ocurre un descalabro en la Bolsa de Valores mexicana que amenaza con secarnos para todo el viaje, se habla del Efecto Tequila. El mismo problema, pero en Brasil es llamado Efecto Caipirinha. Calculo que si pasara en Rusia se llamaría Vodka, Pisco en Perú, etc. Pero si el tsunami económico se originara aquí, ¿que mote le pondrían en los países afectados? … Efecto Mate Amargo… Mmmm… Caña quemada Legui… Giñebra… ¿Anís 8 Hermanos? ¡No tenemos bebida alcohólica que nos represente!
Pongamos otro caso. En las películas (o en videojuegos) de peleas donde se muestran torneos internacionales, es típico que el representante de Japón sea un sumotori, el luchador anglosajón sea un boxeador o el brasileño sea un experto en capoeira. ¿Y nosotros? ¡No tenemos artes marciales autóctonas!

Decidido a recuperar, aunque sea en mi imaginación, un esplendor que quizás nunca tuvimos, desde aquí propongo la invención de un tipo de lucha que nos distinga de otros dudosos revoleadores de extremidades foráneos. El nombre es lo de menos, lo dejo a vuestro criterio. Vamos a los detalles:

  • Técnicas de lucha: como el pancrasio helénico, que era mezcla de pugilato y de lucha, nuestro arte marcial incluiría golpes de puño, patadas en los respetables, cabezazos tucumanos, talonazos en los empeines, etc. (la necesidad es la madre de la inventiva), todo adornado con ululatos varios (por ejemplo, un buen sapucai correntino) que desconcierten al contrario. Todo combate debe comenzar con un desafío al oponente, gritado en plena faz, del tipo de “los científicos argentinos son los mejores del mundo”, “sos un negro, pero de alma, no de piel”,, “Pelé se la come, el Diego se la da”, etc. La idea es que, ante tanta superioridad, el enemigo quede desconcertado. El combate termina cuando el otro luchador queda inconciente, situación que los amigos o asistentes de nuestro representante aprovecharán para afanarle la guita y/o las zapatillas.
  • Indumentaria: nada de piyamas ni túnicas; el luchador argentino debe ir de camisa, pañuelo al cuello, bombachas de campo y alpargatas (ver foto; la bota con espuelas entra en la categoría de armamento). Encima, un poncho salteño y, tal vez, boina vasca. Nada de afeminados cinturones de colores, acaso una simple cincha o unos tiradores pa’que no se le caigan los lienzos al atleta.
  • Armamento: nada de katana, facón al cinto; las nunca bien ponderadas boleadoras (bola perdida, bola pampa o Las Tres Marías) del lado izquierdo, una tacuara en la diestra. ¿Shuriken? El luchador criollo porta siempre unas galletas marineras de la semana pasada, que arroja certeramente sobre su oponente, al grito de “vuélvanse a su país, cartoneros!”. En caso de emergencia, se puede utilizar al mate como arma arrojadiza o de disuasión, permitiéndole al guerrero huir (in)decorosamente.

Ya, ya; sé que hay que pulir algunas cositas. Esto fué solo una inofensiva ensoñación (no la del tipo de “si los ingleses no hubiesen perdido durante las Invasiones…”), un pequeño divertimento personal. La tarea de convertirnos en un país en serio es, precisamente eso, un asunto serio.

Los mensajes secretos me llaman sin cesar,
atravesando el aire;
Los mensajes susurran en tus oídos,
cruzando la atmósfera.
Ellos suenan en todas partes.
(Jeff Lynne, Secret Messages – 1983)

Cuánto se ha hablado y escrito sobre los mensajes ocultos, sobre todo los de carácter satánico. Esta moda tuvo su pico en los setentas, con el auge del “rock progresivo”, y sorprendió a más de uno.
El método más empleado es el de oír la grabación en sentido inverso, lo cual expone el mensaje oculto, generalmente muy tontito y básico, del tipo “Satán!” o “amen al Grande”.
Ninguna invocación a Nyarlahotep, ni oraciones tipo “Belcebú, te ofrezco el alma de este incauto” o “puto el que oye esto”. No, nada concreto.
Si bien se mira, hay letras de canciones en inglés que abundan en términos cortos, lo que facilita el descubrimiento de palabras fantasmas cuando se oye al revés. Para oir “Satan” (fonéticamente séitan) hay que ubicar un segmento que ofrezca algo parecido a naties (dependiendo del acento del cantante): “Say not, yes! (Dí que no, sí)” daría al derecho sei nat ies, y al revés seitan ies (Satan, yes!). Y pueden aparecer muchas combinaciones que den algo así (de tonto). Peor aún, hay freses que tienen más de un significado: Time flies like an arrow (el tiempo vuela como una flecha / las moscas del tiempo gustan de una flecha).
Más complicado se vuelve en castellano, donde habría que crear textos más bien extraños para que, al revés, resulte un mensaje más o menos decente. Y sin embargo, hay ilusos que los encuentran.
En un sitio web afirman que la canción “Guapa” de Bandana (nada menos!) tiene un estribillo que dice al derecho “Dance, dance, dance, hoy tu sueño es real; dance, abre tu mente” oculta el mensaje “El Demonio es un Dios… más, más, más…el de mujer va…más, más, más… el Demonio es un Dios… más, más, más”.
La lógica me dice que al revés debiera sonar algo como “etnemut erba, snad; laerse oñeus utió snad, snad, snad”. Creo que han cambiado el “mut erba” por “mujer va” (podría ser S.U.T.E.R.B.A., llegado el caso), pero si la evidencia de satanismo es oír defectuosamente, estamos fritos. Entonces, Christopher Cross sí decía “Pingüino Rodríguez”
Uno de los argumentos que más esgrimen estos maccarthystas es si pensáramos que son casualidad no se puede explicar por qué los temas se repiten y nunca emiten mensajes positivos: drogas, alcohol, sexo libre, satanismo, etc. Sí, ya sé, está redactado para la miércoles, pero también es sospechoso que sólo se encuentren mensajes diabólicos. A propósito, ¿estarán todo el día con un Geloso escuchando en sentido inverso TODA la música del mundo en busca de iniquidades? ¿Porqué no buscar mensajes positivos? Y ya que estamos, ¿por qué no buscar mensajes “al derecho”? “Love me tender” cantado por Elvis, bien podría ser una canción cristiana.
Supongamos que se me ocurre, ya no digamos sugerir y ocultar mensajes, si no directamente invocar al Maligno en una canción. ¿Qué pasaría? ¿Crecería el consumo de velas rojas? ¿Sentiríamos repentinamente olor a azufre? ¿Ganaría Independiente..? La canción “Entregá el marrón” de Los Auténticos Decadentes, ¿es una invitación a los monjes franciscanos a que cuelguen los hábitos? Soda Stereo, tan en boga entre el piberío, ¿es un anagrama de Sado-Tereso, o sea sadismo y coprofagia?

¿Estamos todos locos?

Continuando con la idea del post anterior, las pareidolias visuales se nos aparecen por doquier: hay quien puede ver caras en las nubes (algo inocente), y hay quien ve cosas más truculentas. Se dirá que eso depende del cerebro que fabrica rostros donde no los hay. ¿No los hay? ¿Y si alguien escondiera imágenes entre lo que vemos? ¿Existirán los mensajes subliminales?
Hay casos en que, efectivamente, se puede ver lo que uno quiera:

En este aviso, si se tapa la mitad inferior de la imagen ivertida de la derecha, se ve una mujer jugando con algo que encontró bajo su falda…

Aquí hay quien ve una referencia al 9/11, estela de avión incluida. Otros ven a un esquimal pescando (yo no veo nada).

Hay ocasiones que en aparecen imágenes que no pueden ser fortuitas, que exceden el marco de la casualidad:

en “La Sirenita” aparece Goofy, de colado..

“Los rescatadores” (1977). De entre los más de 100.000 fotogramas que integran la película, se encontraron dos en los que aparecía una mujer desnuda en una ventana.

Logotipo de una empresa de indumentaria italiana.

Para terminar, una pequeña anécdota. En su momento fue bastante comentado el fastama del niño en la película “Tres Hombres y un Bebé”. Se corrió el rumor que ese era el alma de un chico que había muerto trágicamente en un departamento que se usó como lugar de filmación. Este es un fotograma del filme donde aparece el pendorcho de otro mundo, tras las cortinas:

Muchos saltaron como leche hervida: ¡la prueba de que los fantasmas existen!
Lamentablemente, la peli fue rodada en Canadá, en un set construido ad hoc (curiosamente, otros vieron una escopeta boca abajo. Francamente, no sé cómo hicieron).
El personaje que aparece tras las cortinas no es sino una silueta de cartón del actor Ted Danson. Una escena, que no se inclyó en la versión final, mostraba al personaje actuando en un aviso de comida para perros, vestido de frac y sombrero de copa. Por eso el ñato tenía en su depto. la silueta promocional. El problema es que sacaron esa escena, pero se olvidaron de retirar el cartón de las otras.


Acá se ve al personaje (que es un actor de madera) contemplar su silueta, pensando tal vez adónde va su carrera.
Lo que para muchos constituía un fantasma, no fue más que un error de continuidad!

Una vez, cuando era chico y guardaba cama debido a alguna enfermedad (de esas que dan fiebre, y hacen que uno descubra el mundo de otra manera), me sorprendí mirando con asombro una pared del dormitorio: tenía una cara. Cerré los ojos un par de veces, pero el revoque me devolvió la misma imagen, creo que de un nene haciendo una mueca burlona.
Más tarde, comencé a encontrar figuras en las nubes, en un pan, en los pelos de mi gato Napoleón y en el tronco de los árboles. Durante un tiempo pensé que estaba ligeramente loco (luego lo confirmé) pero, lejos de preocuparme, me sentí un elegido, aquél que ve mensajes donde nadie puede…
Lamentablemente, la semana pasada comprobé que no era el único: este efecto se denomina pareidolia, y deriva del griego para (junto a) y eidolon (figura o imagen), lo que da algo así como “imagen adjunta”. O sea, que vemos caras y figuras donde no las hay… Lo cual no deja de tener su lado interesante:

Los creyentes ven figuras religiosas en un brioche…

… o al Papa Juan Pablo II en una hoguera, en Portugal.

Los satanistas encuentran al maligno durante el 9/11…

… y los fanáticos del cine ven a sus personajes en todos lados.

Y también se dan los casos de pareidolia auditiva, aquellos en que escuchamos algo que no era: en el “Himno a Sarmiento”, padre de Laura (padre del aula); en “Verano del ‘92″ de Los Piojos, pasó Tita Merello (Fasolita querido), o “Is this love?” de Marley, la iguana lo vió (I wanna love you), y tantos otros casos. ¿No me creen? Traten de escuchar el estribillo de Allright de Cristopher Cross y no oirán otra cosa que “All right! Pingüino Rodriguez!

También están los que escuchan mensajes satánicos en discos pasados al revés… pero queda para la próxima.
Saludos. O sodulas.


5 situaciones penosas:

  1. Hacerse el Hércules en público y que se te escape un flato;
  2. Hablar mal de alguien que estaba cerca de uno (y podía oírlo);
  3. Preguntarle a una chica gordita de cuántos meses está embarazada;
  4. Contestar al saludo de un desconocido (el destinatario estaba detrás de uno);
  5. Alguien nos pregunta la hora, y no sabemos traducir las manecillas a lenguaje humano. Peor aún, dudamos y le mostramos el reloj, con lo cual la persona confirma que estamos en pleno proceso de hominización y no llegamos aún al lenguaje hablado.

4 sonidos que molestan en un cine:

  1. El del celofán que envuelve a ciertas golosinas;
  2. El del tipo que no acepta que se le terminó la gaseosa (sluuuurrrrppp-p-p-p!);
  3. La charla del que ya vió la peli y le anticipa escenas a su acompañante;
  4. Los chistidos del que quiere que aquél se calle de una vez.

3 frases que aseguran la autoextinción:

1. – ¿Y qué, me vas a pegar..?;
2. – ¿Hoy es nuestro aniversario?
3. – Vi un capítulo de “Lost” y no me pareció gran cosa.

2 cosas que molestan del verano:

  1. El calor;
  2. Los comentarios sobre el calor.

1 forma de hacerse famoso:

  1. Tener un blog.

Quién no escuchó la famosa frase “porque en mi época…”? O esta otra, tan repelente para mí: “Todo tiempo pasado fue mejor”. ¿Qué significa esto?

En toda reunión en donde se encuentre al menos una persona más joven que Matusalén, en algún momento dejará caer la queja habitual. Que los jóvenes de ahora están en la joda, que antes había seguridad, que los chicos ya no pueden jugar en la vereda, que… En fin, creo que se entiende, no?
Cuando yo era chico (digamos, los años sesenta), ya se escuchaba esta frase. O sea, si dicen que esta época es una desgracia y hace cincuenta años no, se equivocan, porque tampoco aquélla era una buena época. Siguiendo el esquema rectilíneo, entonces, ¿dónde está esa Edad de Oro? Si cada generación dice que ANTES todo era mejor, ¿cuándo es ese antes? Si le preguntásemos a un señor de nuestra época colonial, ¿diría que la suya es una buena época? Sospecho que no.
¿Cómo se mide la bonanza de una época? ¿Por la economía? Supuestamente, la economía está mejor ahora que hace diez años ¿Por las libertades individuales? Estamos bastante mejor ahora que durante, digamos, la Roma de Nerón. ¿Por la expectativa de vida? En promedio, ha subido a unos 66 años, y se estima que llegará a 73 para el 2025. ¿Y entonces?
Ese señor que hace unos días me decía que durante la Dictadura de 1976 había menos inseguridad en las calles, ¿ésa era su medida de “una buena época”? Si le preguntáramos a un sobreviviente de Hiroshima (y pudiera contarlo, claro) , dudo que pueda recordar esos años con añoranza. Hace 200 años te podían matar en la calle, y no venía el equipo de CSI a buscar huellas digitales. La “seguridad” es un invento moderno.
Y sin embargo, sigo escuchando este tópico falaz. Porque (nos) mentimos cuando afirmamos que ANTES todo era mejor. A ningún neurótico le gusta su propia época: prefiere una era perfecta, más cercana a la fantasía que a la rigurosidad histórica.
Si a cada generación le toca una era peor que la anterior, entonces no hay futuro. Y no puedo estar de acuerdo con eso. Prefiero creer que la historia de los países es basculante, y oscila entre aparentes épocas buenas y malas. Que lo que fue bueno para unos, pudo haber sido un infierno para otros.
Y que nuestro presente, dulce o amargo, es la época en la que podemos vivir.

Cierro esta reflexión con el estribillo de Good Times are Now, de Roger Taylor (Fun in Space, 1981):

Vive el presente, es lo único que tenemos.
Nadie sale vivo de aquí.
La vida en el Futuro bien podría jamás ocurrir.
Vos sabés, ¡ESTOS son los buenos tiempos!

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