serendipia


No es por nada, pero desde esta mañana ya van 6 ó 7 personas que me llevan por delante. Una o dos… Bueno, cualquiera puede ir por la vida, muy concentrado en lo suyo. Pero esto ya excede el marco de lo casual. Estuve tentado de protestar, al grito de “qué pasa hermano, soy invisible?”, pero me detuve, dudando. ¿Seré visible todo el tiempo?
Para verificar esta memez, primero debo conocer de qué modo puedo ser invisible. Que yo sepa, hay siete maneras de acceder a la imbecilidad. A la invisibilidad, digo.

  1. Magia: Frodo tenía un anillo, Perseo un casco, Bartolo una flauta, los hermanitos que andaban con el mago Shazam, una capa. Su origen era mágico, y su uso permitía no ser visto. Conclusión: Yo no tengo magos conocidos, ni un tío ladrón, ni nadie que me regale aunque sea un paquete de polenta mágica. Descartado.
  2. Optica: Así como un diamante puede ocultarse en el agua (por el índice de refracción), cualquier candidato a la invisibilidad tiene que lograr que la luz le atraviese, como si fuera el avión de la Mujer Maravilla. Conclusión: Si mi cuerpo fuera transparente, también estaría ciego porque la luz no llegaría a mis ojos. La luz también emite calor: además de ciego, estaría muerto de frío. No, gracias. Descartado.
  3. Ondas: tanto el Depredador como la Mujer Invisible pueden desviar la luz; el primero tiene un dispositivo portátil y Sue Storm un campo de fuerza. Conclusión: como la luz es una onda, puede ser desviada por un campo electromagnético lo suficientemente fuerte. Yo peso unos 90 kilos (con freno y montura), masa insuficiente para desviar ni siquiera una luz mala. Descartado.
  4. Química: en la novela de H.G. Wells, el Dr. Griffin utilizaba un compuesto químico (monocaína) que lo volvía invisible. Conclusión: uno de los efectos secundarios de la droga es una psicosis creciente. A ver… loco e invisible… Mmm, no sé… Descartado.
  5. Velocidad: varios personajes han desarrollado altas velocidades: un muchacho apodado Flash, Superman, Cheetara, Delfo Cabrera. Ser más rápido que la luz podría ser una solución. Conclusión: a mayor aceleración, mayor incremento de masa. Y como mi médico me aconsejó aflojarle a los carbohidratos… Descartado.
  6. Espectralidad: una vez, a Patrick Swayze (Ghost) lo mataron y dejó de verse. Se convirtió en un fantasma vengador e invisible. Conclusión: para acceder a este nivel hay que.. digamos… morirse. Déjenme visible, nomás! Descartado.
  7. Discriminación: está comprobado que si uno se encarama sobre una silla de ruedas, deja de ser visto. O notado. Lo mismo ocurre si uno es un niño de la calle que pide limosna. O barrendero. Conclusión: en “El Hombre Invisible”, Chesterton postulaba que una cosa ordinaria o demasiado familiar no era visible, o notable. Probable. Puede ser que yo sea un verdadero ordinario y nadie quiera verme, hasta que me chocan, y me miran como si hubiera aparecido recién, ahí mismo.

Efectivamente, es una memez. Sigo siendo un tipo como cualquiera, sin superpoderes, perfectamente visible.
Una simpática solución: convertirme en solipsista practicante. Pero eso quedará para otro post.
Hasta la vista.

La Morenita-La Morenita, Ultracomb-Ultracomb! Perdón, me agarró un virus ochentoso… Lo del título es para hablar de coincidencias, pequeñas sorpresas que te dejan pensando.
Resulta ser que en mi trabajo nos compraron unas simpáticas chombas para mejorarnos un poco el aspecto. Los sectores de Ventas e Ingeniería tienen cada uno su color identificatorio.


Todo muy lindo. Nos sacamos fotos, y alguien (uno que no recibió nada) hizo algunos comentarios jocosos acerca de que parecíamos la tripulación de Star Trek. Ah, sí? Busqué con el Google alguna imagen de los uniformes de la serie, en parte para mostrarle que estaba equivocado (y en parte porque sospechaba que tenía razón), y aparecieron varias fotos. Y una que me llamó la atención porque, efectivamente, estamos muy parecidos…


Juro por Dios que no posamos adrede. Es una de esas coincidencias que confirman que la vida imita al arte.

Según se dice, una serendipia es un descubrimiento científico afortunado e inesperado que se ha realizado accidentalmente. Figuradamente hablando, también es cuando uno descubre algo (científico o no) que ni había pensado en buscar.
Abundan las anécdotas sobre cómo resolver ecuaciones en sueños, o cómo inventar la enfardadora mecánica viendo un gato tirando zarpazos a través de una alambrada. Más importantes me parecen los pequeños -e íntimos- descubrimientos o, si se quiere, mini-revelaciones. Darse cuenta de las cosas sin que nadie te las explique, y haciéndolo de manera accidental. A manera de ejemplo, dos “descubrimientos”:

  • Una vez leí que, etimológicamente, Génova (Genoa) viene del latín genu=rodilla. Esto disparó una revelación: genuflexo es el que flexiona o dobla la rodilla (ya sé que es obvio, pero jamás me había dado cuenta de la relación). ¿Y qué tiene que ver la rodilla con Génova? Serendipia: si la península itálica es una bota alta, Génova queda en la rodilla. De ahí el nombre!
  • Se cuenta que Ixión planeaba mantener relaciones sexuales con Hera pero Zeus, su esposo, lo evitó moldeando una nube (Nephéle) con la forma de la patrona, y se la envió. Ixión, tomándola por verdadera, y vanagloríandose por anticipado por ponerle los cuernos al Supremo del Olimpo, se unió con la falsa apariencia. Serendipia: Zeus fue el inventor de la muñeca inflable.

Claro está que no voy a ganar el Nobel con estos descubrimientos, pero son cosas que me dejan atónito, paralizado (y la gente a mi alrededor cree que me está agarrando un infarto). Y son estas pequeñeces, que me maravillan sólo a mí, las que le pueden poner condimento a un día perfectamente insípido.

NB: cuando me ocurran más (no soy de pensar seguido), seguiré atormentando con el tema. Abur!