Cuando era chico (hace eones de esto…), tenía una imagen desproporcionada del año 2000. Me parecía una fecha solemne e inalcanzable. Adoctrinado por los Supersónicos (The Jetsons), me imaginaba una era de robots, veredas móviles, viajes espaciales, et al.
Pero no. Algo pasó en el medio, allá por la época del programa Apollo. Se cortó el chorro, y no más vuelos tripulados al futuro. Los hubo, claro está; pero, ¿a quién le importó? La memoria colectiva sólo registra hasta la explosión del Challenger, en el ‘86.
Las extrapolaciones de Herman Kahn no se parecen a este futuro en el que estamos. ¡Y ni hablemos de los profetas de antaño! Los Salieris de Nostradamus se esfuerzan cada vez más en hacer coincidir alguna Centuria con, digamos, el atentado a las Torres Gemelas o la Guerra de Irak, aunque sea con calzador. Las predicciones de Edgar Cayce, Jeane Dixon y Cía. pronosticaban un futuro de paz, después de un Armageddon milenario. Y el 2000 pasó de una manera casi obscena en su chatura.
Qué pasó? Ningún iluminado previó un mañana lleno de subproductos del sílice: hoy casi cada aspecto de nuestra vida diaria depende de un chip.
¿Y los escritores de ciencia ficción? Cuando mencionaban una computadora, describían grandes aparatos con tarjetas perforadas, pero no fueron capaces de vislumbrar la miniaturización. Pongamos por ejemplo cercano a la película Blade Runner. Se ven videófonos, pero no del tamaño minúsculo de un celular actual. Y si pudiéramos contarle a un guionista del pasado que tenemos teléfonos con cámara de fotos, se extrañarían bastante.
Parece ser que nadie precognizó un futuro en el que la tecnología se interesa más en los gadgets y menos en la cuestión del alivio de los trabajos diarios: cambiar un neumático sigue siendo tan trabajoso como en los sesentas. Salvo el lavarropas programable y el microondas, ¿qué otro aparato doméstico se inventó últimamente que nos ayude en casa?
Nuestra época (el futuro de nuestros ancestros) se desvió de la línea proyectada, es un futuro distinto.
Por ahí se dice que esta generación no pretende cambiar el mundo, sino el modelo de celular. Esta es nuestra época. Y si nadie pudo prever que no pudimos mejorar nuestro comportamiento (el mundo sin guerras de Gene Roddenberry nos parece poco probable), hagamos lo posible para que el futuro sea lo más humano posible.