Desde siempre, la humanidad sintió la necesidad de dividirse en grupos más o menos definidos.
Al principio, serían tal vez los caníbales vs. los vegetarianos. O quizás los que comían carne cruda, y enfrente los protocheffs que abogaban por una buena fogatita tiernizante.
Existen aquellos que necesitan estar cobijados bajo el manto protector de un grupo. Y hay quien pertenece a algún bando, sin saberlo.
Una buena, sencilla y efectiva manera de saber quiénes somos y a qué grupo etario pertenecemos es, sencillamente, abrir nuestro correo electrónico.
Y aquí está la verdad de la milanesa:
Enviamos reflexiones en formato PowerPoint, o las padecemos?

Evidentemente, los que pasamos los 40 necesitamos demostrar(nos) que somos sensibles y poéticos, y así parimos miríadas de emociones electrónicas en forma de versos, aforismos, reflexiones, y demás.
Y me siento muy mal cuando me preguntan: Recibiste mi mail? “Te mandé una cosita para pensar…”
Qué les contesto? Esas cosas no me emocionan. Esos poemas con fondo de playa con unos caballos corriendo por la orilla me resultan espantosamente berretas, ese tipo de romanticismo básico ya lo soportaba hace 20 años en la forma de pósters, que se regalaban y uno debía pegarlos sobre la pared de la pieza. También se veían sobre el respaldo del asiento de los choferes de bondi, pero no estoy seguro…

“Decir amigo es como decir…”
Por qué no me emociona la visión de un cachorrito saliendo de una canasta?
Por qué en la casilla “From” figuran algo así como 347 direcciones de correo, de las cuales 342 me son desconocidas?
Quién produce estos engendros? Todos los reenvían, pero calculo que alguien los tiene que fabricar…
Y me siguen llegando estos adjuntos, y tengo la misma sospecha que tiene quien recibe un regalo de cumpleaños extravagante o de mal gusto:

- Cumbia Finlandesa, 17 Grandes Exitos..?
- Lo vi en la disquería y me acordé de vos! Que te parece?

Que evidentemente, debo dar una imagen al mundo que no se corresponde con la imagen que tengo de mí mismo.

Tampoco me hacen reir los que vienen y te dicen: “Che, te sabés el del…” Y aunque no sepa ese chiste, prefiero mentir que ya lo conozco. El tipo que me quiere contar un chiste ya me predispone mal; no me gusta prepararme para la risa, me encanta el humor espontáneo.
Prefiero el que te cuenta algo que creés que va por un lado, y lo remata con algo totalmente inesperado, exagerado y tal vez absurdo.
Pero si me venís con: “Un alemán, un inglés y un argentino..”, salgo corriendo.
Y con los Powerpoint me pasa lo mismo. Parece que nadie puede escribir un mensaje sin hacerse el sentimental. Habria que meter toda esta reflexión en un documento y enviárselo a los que me atormentan a diario. Pero con formato lindo. Y animación. Creo que tengo un CD de Image Bank con unas fotos que…

Tendré instalado el Office?