Qué tipo, el doctor éste… Según las biografías, Stanley Milgram (1933-1984) fue un psicólogo social de Yale que condujo el experimento El Mundo es Pequeño, que dio origen a la teoría de los Seis Grados de Separación (cualquier persona puede estar conectada a cualquier otra en el planeta, a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios), y el experimento sobre la obediencia a la autoridad (Milgram’s Obedience to Authority).

Hacemos lo que nos dicen. Este experimento efectuado en la Universidad de Yale a comienzos de los ‘60 provocó no pocas demostraciones de indignación. En el experimento, se dividió a los sujetos en dos grupos, Maestros y Estudiantes, supervisados por un Experimentador. Supuestamente, el test serviría para evaluar el porcentaje de memorización bajo estímulos. Mejor dicho, la relación entre Apendizaje y Castigo.
Los Alumnos, instalados en otra habitación en unos sillones tipo dentista y maniatados “para impedir un movimiento excesivo”, debían aprenderse de memoria pares de conceptos (cielo-azul, jardín-florido, etc.) de una lista; los Maestros debían, más tarde, tomar examen a sus estudiantes y decir al micrófono el primer concepto (cielo). Al oir el error del examinado (decir verde en vez de azul), el Maestro giraba una llave de un panel de control, lo que provocaba una ligerísima descarga eléctrica. Esto debía servir para estimular la atención y la memoria del Alumno. Las 30 llaves indicaban el nivel de descarga, comenzando con 15 V (descarga leve), y aumentando de 15 en 15 hasta llegar a 450 V (peligro: descarga severa) . El Maestro no veía a su Alumno, sólo escuchaba su voz a través de un parlante.
Nuevo error: 75 voltios. El Alumno comienza a quejarse.
Las cosas, obviamente, se fueron de mambo. Los Alumnos no daban pie con bola, y los Maestros empezaron tímidamente a subir el voltaje, animados por su Experimentador.
Nuevo error: 120 voltios. El Alumno gritaba diciendo que las descargas eran dolorosas.
Cada vez que el Maestro intentaba detenerse, el experimentador le decía: “Por favor, continúe”.
Nuevo error: 135 voltios. El Alumno aullaba de dolor.
Si el Maestro seguía dudando, se usaba la siguiente frase: “El experimento requiere que usted continúe”.
Nuevo error: 150 voltios. El Alumno gritaba que no quería continuar.
Nuevas dudas. El Experimentador insiste: “Es absolutamente esencial que usted continúe”.
Nuevo error: 180 voltios. El Alumno grita diciendo que no puede soportarlo.
El Maestro mira, aterrado (¿Qué hago?), la siguiente llave. El está al mando, ¿o no?
Nuevo error: 270 voltios. El Alumno grita de agonía.
Experimentador: “No tiene elección. Usted debe continuar”. Si después de esta frase se seguían negando, el experimento se suspendía.
Nuevo error: 300 voltios. El Alumno está con estertores y ya no responde a las preguntas…

El doctor Milgram había previsto un promedio de descarga máxima de 130 V, y una obediencia del 0%. El 63% de los sujetos obedeció, llegando hasta los 450 V, incluso después de los 300 V, cuando el alumno ya no daba señales de vida. .
Afortunadamente, los sujetos de experimento eran los Maestros, que giraban perillas inofensivas: lo que oían era una grabación (la misma para todos) del Alumno torturado.

La Verdad Incómoda. Según Milgram, lo que sucedió fue que los sujetos entraron en “estado de agente” (el individuo se ve a sí mismo como un agente ejecutivo de una autoridad que considera legítima). Aunque la mayoría de las personas se consideran autónomas e independientes, cuando entran en una estructura jerárquica pueden dejar de verse así y deslindar la responsabilidad de sus actos en aquél que tiene el rango superior o el poder.

Algo habrán hecho. Otra conclusión es que aparece el conocido mecanismo de culpar a la víctima. Muchos de los Maestros que llegaron a los 450 V, una vez que terminó el experimento criticaron a los alumnos, diciendo que “eran tan estúpidos que se lo merecían”.

Si todos nosotros somos capaces de torturar siguiendo órdenes (y si es verdad que es un hecho inevitable), sería interesante entonces educar a nuestros líderes para que den órdenes que sean dignas de obedecer.
Como colofón, cabe destacar que el experimento produjo varios subproductos artísticos; dos para mencionar: la canción “We do what we’re told (Milgram’s 37)”(*) [Hacemos lo que nos dicen (37 de Milgram)] de Peter Gabriel, del disco “So” (1986), y un corto estremecedor: Atrocity, de Adam Kargman (2006).

(*) Por el 37% de Maestros que se rebelaron.