dibujo


Escena hecho con Bryce® (Rambler”, 2002)

Si en el post anterior hacía aparición la entropía o desorden, en éste me voy a ocupar del orden.
En general, a fin de año hago un despulgue de papeles, programas de cine, invitaciones (a eventos que no fui), folletos, volantes comerciales, y todos los otros tipos de necedades impresas. Esta vez me retrasé un poco, y este fin de semana pasado se apoderó de mí una Santa Cólera y comencé a desechar porquerías que, en algunos casos, databan de mediados de los ochentas. Y dentro de un sobre, con otros papeles sueltos había unas anotaciones de mi puño y letra (qué sensación de extrañeza ver algo escrito por uno hace mucho tiempo) que eran, curiosamente, recetas.
Dentro de ese mismo sobre viejísimo y arrugado también había recortes de diarios, fotocopias de escenas de películas de film-noir (reconocí “Adiós Muñeca”, con Dick Powell), tres páginas arrancadas de algún viejo diccionario ilustrado con referencias a la novela negra estadounidense, y un guión de historieta toscamente tipeado y lleno de anotaciones marginales. Sí, era mío, y lo había olvidado.
Era el primer borrador de una historia de ficción que incluía un detective a lo Chandler, un cliente que quería recuperar una estatuilla antigua y valiosa, y una secta misteriosa. “El Caso Ptolomeo” ponía en la portada, y el héroe se llamaba (en esta encarnación) Rambler.

Doble central de “El Caso Ptolomeo” (1987)

Era una historia de 8 páginas en blanco y negro y salió, con bastantes cambios en el guión, en un fanzine de nombre “La Brújula”. Las fotos y los otros datos eran referencias para la ambientación de la historia. Y como los detectives de ficción beben bastante, en especial bourbon (whisky de centeno), evidentemente quise hacerlo un poco menos convencional y busqué licores exóticos. Y anoté varios tipos de bebidas fácilmente realizables en mi propio domicilio con las que experimentar, entre las que estaban el licor de café y el Irish Cream. Estas son las dos recetas.

Licor de la Tía
Agua: 1 litro
Azúcar: 500 grs.
Té: 4 saquitos
Café: 350 cc, bien fuerte.
Vainillina: 1 cucharada
Alcohol etílico: 250 cc.

Preparación: Colocar en una olla un litro de agua fría el azúcar y disolverlo. Luego, llevar al fuego. Al romper el hervor, colocar el té y dejar cocer durante 10 minutos. Retirar los saquitos y seguir la cocción hasta que quede un tercio del agua y se forme una especie de almíbar. Dejar enfriar. Hacer un café bastante fuerte: café como para un litro, pero en agua como para 350 cc. Va a quedar un café bastante espeso y aromático. Agregar al preparado anterior. Cuando todo esté frío, agregar el alcohol. Embotellar y dejar estacionar 15 días antes de consumir. No requiere frío y se la banca un año.

Irish Cream
Whisky: 2 tazas
Leche condensada: 2 latas
Extracto de vainilla: 2 cucharaditas
Glicerina: 2 cucharaditas
Café instantáneo: 1 cucharada

Preparación: Colocar los ingredientes en un bol y mezclar con batidor de alambre durante 5 minutos. Una vez mezclado todo, colocar en una botella oscura y guardarla en la heladera. Como no contiene conservantes, dura cerca de seis meses.

No lo veo a Sam Spade o Phillip Marlowe tomándose un Tía María® o un Baileys®, así que lo hice bebedor de vodka, como yo. O yo como él, que es peor… Después, el personaje quedó archivado y-casi- olvidado. Pero no así las recetas de los licores.
Si se animan a prepararlos, me cuentan cómo les salieron.

Saludos.

Actualización: Licor de Dulce de leche

Ingredientes:
500 cc. de agua
500 grs. de dulce de leche (no el repostero)
400 grs. de azucar
250 cc de alcohol etílico

Preparación:
Poner en una olla el agua con el azúcar, y colocarla sobre un fuego no muy fuerte hasta obtener una especie de almíbar. Añadir el dulce de leche y revolver hasta mezclar todo. No tiene que romper el hervor! Enfriar, agregar el alcohol y envasar. Requiere frío y dura unos seis meses.

Ahora sí, chau.

A instancias de una vieja y reencontrada amiga, he vuelto a mi primer amor, el dibujo. La última vez que había hecho una ilustración como la gente (es decir sobre papel Schoeller, coloreado con aguada de tinta y acrílico, y repasado de las líneas con el Rotring) fue allá por los noventas. Muchas cosas han cambiado desde entonces…
En primer lugar, la modernización de los procesos de producción gráfica. Antiguamente, al original terminado se le hacía un fotocromo que después terminaba dividido en cuatro planchas de impresión (colores Cian, Magenta, Amarillo y Negro, o CMYK) para el sistema offset. En el proceso de captura de la imagen, era corriente la pérdida o unificación de ciertos matices, o el posible virado de color. Ahora, en cambio, ¡el original se hace directamente en la computadora!
Se dibuja la ilustración en lápiz (gracias a Dios, algunas cosas nunca cambian), se pasa a tinta y se escanea a escala de grises en alta resolución (300 dpi). Y aquí viene lo simpático del caso: el tratamiento informático en Photoshop.
Los ilustradores grosos dibujan directamente en la PC mediante una tableta digitalizadora (Wacom) que permite dibujar y hasta pintar el original. Como soy un croto, uso el camino más difícil: pinto con el mouse!
Con las herramientas de sombreado e iluminación, se le dan volúmenes al dibujo (a menos que uno sea de la escuela belga de la “línea clara”, con lo cual se aplican grandes plenos).

Más tarde, seleccionando y aislando cada sector para pintarlo por separado, me doy cuenta que el tiempo pasa de un modo impiadoso: cada vez que miro la hora me asombro de lo mucho que ha avanzado la aguja horaria. Se ve que estoy entretenido… Luego, se pasa la imagen en gris a color (RGB = 16,7 millones de colores posibles!).
Photoshop tiene una opción muy simpática, que es la de aplicar color a una superficie gris. Jugando con los valores de Matiz, Saturación y Brillo, se van tiñendo las áreas fácilmente. Y qué simple es ahora el arreglar una macana! Se puede volver el tiempo hacia atrás y arreglar el error (cosa que en la vida real es imposible, porque el tiempo, en realidad, no pasa; es un subproducto de nuestra conciencia, somos nosotros los que pasamos). Antes, tenía que aplicar capas y capas de acrílico para tapar el desastre.
Y como uno es un jodido, se puede seguir jugando con la imagen, y se le puede agregar texturas, brillos metálicos y efectos de luz (ver hebilla del cinturón) y otras virguerías. Este es el resultado final:


Se puede decir lo que quiera de las computadoras: que tienen a la gente encerrada en cubículos, que fomentan la violencia en los niños, que… Qué se yo: para mí es una herramienta de trabajo muy valiosa. Y entre una cosa y otra, pensando en la entropía o desorden cósmico, la famosa “flecha del tiempo”, veo que debo limpiar el mueble de la PC, lleno de tazas de café, migas de bizcochitos de grasa, salpicaduras de mate y fragmentos de goma de borrar. El tiempo no pasará, pero yo tengo un sueño que me caigo.
¡Abur!