costumbres


Y si, era inevitable…. tan cercana la fecha oficial para emocionarse y organizar festejos… No, la Navidad no es, falta para eso. Aunque, en su estructura externa, vendría a ser algo parecido. 20 de Julio, Día del Amigo.
No está mal tener un día prefijado para ser buena persona y portarse empalagosamente con los conocidos. Pero si tenemos que hacer fuerza entre todos para sentirnos amigos y juntarnos en un sitio que seguramente estará colmado de otras gentes que también celebran su amistad… No sé, no sé… Desconfío de las emociones programáticas.
Igualmente, la idea de este post no era quejarme de las festividades forzosas, sino saludar a algunos amigos que tuve y (creo) aun tengo.

  • Luis Alberto Rosas: un gran amigo y un dibujante como la copa de un pino (le debo un post con sus dibujos… Ya llegará). Luisito: dondequiera que estés, si ahí existe un bar, esperame con una cerveza como la tomabas vos, con maníes adentro ;) Un abrazo grande (si las alas me lo permiten).
  • Andrea Scipione: una gran amiga; si no hubieras conocido a mi amigo Toby, él no me hubiera presentado a vos, y no me hubieras presentado a tu amiga, hoy mi esposa. A veces, no somos más que agentes del Destino… Un abrazo, de parte del Hermano Malaquías.
  • Eliseo Brener: un compañero de primaria que recuerdo con mucho cariño. Eliseo: espero que sigas bien. Un beso a la familia.
  • La Barra de Gurruchaga. Ricky Palma, Mauricio, José Luis Jato; Gustavo, alias Takayama (el hijo del tintorero, cordobeses ambos); Rubén Espiño y otros: compañeros de infancia y adolescencia, gracias por todos los juegos compartidos. Espero que anden bien.
  • Claudio Bertolami: un gran amigo, e incluyo también a toda su familia, y a las hermanitas Irurzun (especialmente Raisa, un beso!). Gracias por todo. Como ven, no me olvido.
  • Sergio Ferraro: compañero de la agencia, buen tipo además. Un fuerte abrazo, y un cariño a la familia.
  • La Barra de Serrano. Leonor, Pablo, Vivi, Andrea, Fabián, Mariela, José Luis Alonso (que haiga paz!), José María (espero que sigas cantando), Atilio (se acuerdan?) y otros tantos que conocí aquél 20 de diciembre del 1983 en la parroquia de San Fancisco Javier. Para mí, ese es el día del amigo. Los quiero mucho, aunque les joda que no les ande zangoloteando alrededor (me he vuelto un peronista: de la casa al trabajo y del trabajo a casa; jódanse ;)
  • Toby y el Negro Hernán. Dos amigos de fierro, casi dos hermanos. Hemos vivido buenas y malas, sabiendo que el otro siempre estaba cerca. Eso, tal vez, defina al amigo: aquel con quien se descubre y comparte los grandes temas de la vida: la primer pelea, la primer borrachera, el primer llanto por una mina… ¿Te acordás aquél juramento en San Bernardo, Negro? Seguimos siempre amigos, hasta el final. Levanto mi copa por ambos.
  • Fernando el panadero, Marcelo Casado y la barra del Bar Ayer. Gracias, gracias, gracias…
  • A todos mis compañeros de laburo, antiguos y actuales (en general, he tenido tantos que hacer un listado sería interesante sólo para mí). Un fuerte abrazo.
  • Y por último, mis recientes amistades virtuales: gentes que comparten sus pensamientos y vivencias, personas a las que, salvo algunos casos, no les conozco la jeta. Son aquellos que están en la columna de la derecha de este blog, bajo el tanguero rótulo “Los Amigos Que El Oro Me Produjo…” (Beroy, tú también estás, pero más abajo, en otra categoría). Un gran abrazo a todos ustedes.

Obsérvese que no intento contactarlos para vernos en el patio de comidas de algún shopping y recordar los buenos viejos tiempos de mierda. Algunas cosas se han ido, y está bien: ya no somos los mismos. Temo reencontrarme con seres extraños, señores y señoras que se quejan de la vida de hoy con el mismo tono superficial de los noticieros; mis amigos están allá, en mi juventud, cuando éramos felices e inmortales. Estos de hoy son sólo fantasmas.

ADVERTENCIA: Si a alguno se le ocurre caer en las tontas promociones o marketing viral sobre el Día del Amigo que ya está rondando por ahí (una compañía telefónica y una marca de cerveza), plis, ruego que me dejen afuera; aquellos que sucumban a la tentación y me incluyan en algún acto lacrimógeno, serán atacados violentamente vía mail-bombing o similar. Piénsenlo bien: si me quieren, no me hagan pasar papelones.

Y como decía aquel presentador, gracias por todo. Buenas noches, y buena suerte.

No hay caso, che, me estoy volviendo viejo. Y no, no estoy por quejarme de las canas o las arrugas: son parte del juego éste del crecimiento. A lo que voy es que estoy envejeciendo mentalmente.
Desde hace un tiempo, noto ciertos cambios que, lejos de asustarme, me llaman la atención, porque también los noto en otros colegas cronológicos:

Música
Antes: A la pregunta, “Qué es Iron Maiden?”, contesto con la formación completa, el año en que comenzaron, y hasta el nombre del almacenero que le fía a Steve Harris.
Ahora: no sé ni quién es el cantante de Pier….
Antes: disfruto mucho del sonido y pongo el estéreo al mangazo, hasta que alguien me lo hace bajar de una rotunda patada en el tujes.
Ahora: me molesta “esa música ruidosa”, y se me da por escuchar cosas más tranquilas. Incluso, cada día sintonizo la radio en vano, esperando colocar el 94.3 y que suene Horizonte.
Antes: cuando alguien pone Soda Stereo me molesta, porque me parece música hecha por tres chetitos con recursos, que copian a Police, The Cure o Howard Jones (el estribillo de Prófugos es igual a “Things Can Only Get Better”).
Ahora: cuando alguien pone Soda Stereo me molesta, porque pasaron 20 años y no logro dejar de oírlos. En cambio, he tenido más suerte con Los Helicópteros.

Cine
Antes: ver películas como “Las Alas del Deseo” me hacen reflexionar.
Ahora: ver películas como “Transformers” me hacen dormir.
Antes: Robert deNiro me parece un actor formidable.
Ahora: Robert deNiro me parece un ladri: hace de él mismo en todas las películas. Incluso usa los mismos tics.

Salidas
Antes: las reuniones con amigos derivan en interminables charlas sobre cómics (“Moebius es mejor que Bilal?”), películas, deportes o lo que sea. ¡Uno sólo quiere que duren para siempre!
Ahora: las reuniones con amigos derivan en interminables charlas sobre la inseguridad, el precio de las cosas o las enfermedades. ¡Uno sólo quiere encontrar una buena excusa para irse!
Antes: ir a eventos locos, en locales extravagantes y con artistas desconocidos, es una salida excitante.
Ahora: ir al tenedor libre, rogar que esos canelones no tengan E. Colli y hacerse el amistoso con el parrillero para ligar un chorizo más, es una salida excitante.

Resumiendo: noto que he perdido la paciencia; estoy en la edad del “para qué”: cualquier propuesta me hace pensar si vale la molestia…
- Viste Lost?
- Probaste Twitter?
- Actualizaste a Windows Vista?
Me cuesta sumarme al rebaño, pero no por elitista: porque no entiendo, ni siento esa urgencia o pasión (no sé como definirla) por convertirse a la nueva religión. Y es que mucho de lo que disfrutan las gentes de ahora, yo ya lo hice, o lo ví, o lo escuché, en compañía de gentes que ya no están conmigo. Ya no es nuevo…

No quiero extenderme mucho. Sólo quería compartir esta sensación que tengo, de estar parado en medio de un territorio que me parece extraño, rodeado de gentes que hablan en un dialecto que no comprendo.

¿Cuántas veces nos sorprendemos afirmando cosas que no sabemos cuál es su origen? ¿De dónde viene aquella prohibición de comer sandía con vino tinto? No se sabe. Pero, como se lo escuchamos decir a nuestros mayores, lo repetimos ingenuamente.
Este tipo de concepto o “meme” ha probado ser muy resistente, y se propaga de generación en generación, casi sin cambios.
Es impresionante como, planteado un tema cualquiera, saltamos con uno de estos conceptos sin siquiera pensarlo. Para mejor entender el mecanismo, daré algunos ejemplos: primero la frase-detonadora, y luego la respuesta-refleja. Agárrense de las manos….

  • Frase: …. y sí, hay mucho robo, mucha inseguridad…
  • Respuesta: Con los militares estábamos más seguros!
  • F: Parece que violaron a una chica detrás de la estación…
  • R: Habría que agarrarlo al tipo y cortarle la p***, para que aprenda..! (1)
  • F: Qué manera de llover, eh?
  • R: Es el efecto invernadero, están arruinando el planeta..!
  • F: Che, que calor que hace..!
  • R: Es el efecto invernadero, están arruinando el planeta..!
  • F: A pesar que estamos en septiembre, todavía está fresco…
  • R: Es el efecto invernadero, están arruinando el planeta..!

Y así hasta la náusea. Una variante de este mecanismo es la propagación incontenible de pseudo-micro-polémicas:
- ¿A quién votás? ¿Fangio o Maradona?
- ¿Qué? (yo, con cara de otario).
- ¿A quién votás? ¿A Fangio o a Maradona? Dále, elegí…
(Aclaración: hay un programa de TV llamado “El Gen Argentino” en el que se invita a la gente a votar a diversas personalidades históricas, para resolver quién nos representa como argentino). A esta altura, soy preso de una santa cólera, y comienzo a insultar a los ancestros del interrogador, y también a éste. ¿Puede ser que cualquier pe**tudez que se difunda por la tele tenga que ser imitada en la vida real? ¿No hay temas de conversación?
¿Braden o Perón?¿Laica o gratuita?¿Liberación o dependencia? Bueno, esto tenía más tela como para una discusión, pero… ¿San Martín o Belgrano? ¿Porqué no terminamos de arruinar la velada y proponemos nuevas antinomias?

  • ¿Quién es más rápido: Flash o Superman?
  • ¿Quién es más fuerte: Hulk o La Masa?
  • ¿Quién se la banca más: Viloni o Rulo Verde?
  • ¿Quién es más malo: Lex Luthor o Kingpin?

No hay temas de conversación. Siempre se le reprochó a la televisión que anulara la charla familiar; yo creo que ése es su gran mérito. Las conversaciones en la mesa siempre han sido versiones caseras del noticiero (sombra de una sombra). Y nosotros, los escuchadores de todo, sólo tenemos una duda: ¿nos tiramos bajo un tren, o nos ahorcamos?

(1) Antiguamente, la idea de mutilación genital como castigo era más aprobada por las mujeres que por los varones, quienes se inclinaban por una Ley de Talión (“sabé’ como le van a dar a ése en la cárcel, no? Je, je…”). Hoy se escucha más a hombres hablando de castración (lo que debería ser antinatural, no?).

Siguiendo con esta lamentable costumbre de escudriñar a mis congéneres, prosigo con esta sencilla serie de consejos para aquellos varones que están por perder el rumbo de la masculinidad criolla.

  • Así se baila el tango: El hombre argentino no baila. No es que no pueda, o no sepa. NO DEBE. A menos que se trate de tango, folklore o una danza ritual para la cosecha, el morocho argentino no debe lanzarse a la pista a cometer atrocidades. De por sí, el Homo Sapiens-Sapiens macho no está diseñado para la danza (desde el cuello hasta el tobillo es todo un hueso, sin articulaciones), no tiene gracia para bailar; si, aun así, insiste en bailar, no debe levantar los brazos por encima de la línea de los hombros, ya que será confundido con un ahogado, un evadido de Village People o un decorador de ambientes en plena crisis de nervios. Si quiere mover las patitas, reuna varios colegas y arme un picadito. Excepción: el carnaval carioca de una fiesta, cuando uno está borracho y sudado, y ya no le importa mucho nada, salvo cantar (es un decir) “So fla, fla, ae-e-e”. Recuerde: tanto Julio Bocca como Maximiliano Guerra son artistas, y nace uno cada tanto. No es su caso, ni el mío. Capishe?
  • Tomo y obligo: a la hora de beber, rechace cócteles de colores locos, grandes vasos con sombrillitas, o tragos que haya que sorber con pajita. El verdadero hombre, el Conan de las pampas argentinas, el Atila de poncho y rebenque sólo chupa la bombilla de un cimarrón (mate amargo) bien cebado, y desdeña esos brebajes exóticos, propios de degenerados. Acepte: Caña, ginebra, vodka, querosene, daiquiri (Hemingway los bebía), fluido Manchester, etc. Rechace: cualquier cóctel muy elaborado o sospechoso de ser propio de damiselas. Recuerde: un verdadero criollo se jacta de beber sangre del cráneo de un animal que acaba de ultimar de una trompada en el morro. Compare esta viril y saludable imagen con un metrosexual sorbiendo Cosmopolitans con gesto mohino. Usted decide de qué lado está.
  • Pucherito de gallina: Es Vd. de los que piden platos light, regados con agua mineralizada o gaseosa de dieta? A menos que tenga problemas de salud, no debería dar a entender al mundo que su silueta le preocupa, siquiera un poco. El verdadero morocho argentino sabe disfrutar la buena mesa, la buena bebida y la buena compañía, y rechaza cualquier plato que incluya guacamole, rúcula o tomates cherry (vegetales menemistas); el pescado sólo se come crudo si a uno lo está persiguiendo una partida enemiga y no se atreve a encender un fuego. Rechaza los platos de autor, y a sus autores; celebra los manjares que parecen hechos con las manos su abuela, esos guisos carreros, esos risottos… Se imaginan a la Nonna sirviendo “mozarellittas grilladas con suave salsa de arándanos y colchón de endivias y ciboulettes”? No, el macho argento se come un buey relleno de cerdo, relleno de perros, rellenos de codornices, con salsa de ruda macho, acompañado con sange de toro miura. Lo contrario, es renegar de la masculinidad autóctona. NB: como cualquier porteño sabe, el ragú es el hambre, las ganas de comer; no dejarse confundir por los modernosos que afirman que es un plato o una salsa. El ragú es el hambre, y el tornillo es el frío. Punto.

Los tiempos cambian. Los hombres también. Pero para peor. Una cosa es el Hombre Sensible, pero muy otra es el Hombre con Costumbres Femeninas.
No estoy hablando de homosexualidad: esa es una elección personal. A lo que voy es que el hombre está perdiendo toda una serie de actitudes y señales que lo distinguían, digamos, de una morsa. Hace cien años, un hombre podía demostrar su valor; hoy tenemos menos oportunidades.
A continuación, una modestísima serie de consejos (nótese que no empleo el término “tips”, propio de tilingos) para el novel varón porteño que no tiene quién le guíe en el mundo masculino.

  • Besos brujos: costumbre muy en boga, aún entre señores grandes, la de saludar a otros hombres con un beso. AAAARRGHH! Sea hombre, canejo! Salude con un viril apretón de manos! Si quiere impresionar al saludado, use ambas manos, como los antiguos políticos. Y, por favor, verifique si la mano está seca. Un apretón mustio y, además, húmedo, es una porquería. Si le presentan una dama, sí, bese nomás; no sea pavo.
  • Cruces peligrosos: qué hacer con las gambas, cuando uno se sienta? Si necesita cruzar las piernas, trate de que la pierna forme un ángulo recto con el muslo. Jamás, a menos que sea guitarrista o flojo de esfínteres, cruce las gambardelas de tal modo que quede una rodilla sobre la otra. Además de femenina, es postura propia de gentes que no temen apretarse nada. También es lícito estirar las piernas y cruzar los pies, como cualquier sheriff en su oficina, pero sobre la mesa. Se corre el riesgo de que algún salame se tropiece y se vaya de cara al piso. Hay quien se relaja en su asiento, abre las patas y pone una mano sobre los maritales: no queda bien, so torpe! Uno es un caballero, no un carrero.
  • Mozo, hay un pelo en mi cara: está bien usar barba, bigote o perilla, a cada cual su gusto; pero, qué son esos dibujos capilares angulosos, esas patillas finitas y agudas, como dibujadas con rotring? Hace falta? Una cosa es la anchoíta, el bigote finito de traidor que parece caerse del labio. Pero esos ideogramas capilares, seguramente hechos a máquina, no sólo no son viriles, sino que son propios de sadomasoquistas y gentes perversas. Recuerden las opciones: bigote, barba completa (no se afeita ninguna parte del rostro), media (se afeitan las mejillas, por debajo de las orejas y el cuello), barba prusiana (mal llamada “candado”), barba mosquetera (bigote y perilla), barba cuáquera (sin bigote), barba perilla (onda faraón). Las patillas también se pueden llevar medias, delgadas, estilo San Martín, o simplemente rebajadas.
  • Holas que vienen, holas que van: telefónicamente hablando, cuando se atiende un llamado sólo se dice “Hola”. Nada de Aló, Oleée, Siiiiiiiiií, ni el flamante y espantoso “Holis”, que sólo queda bien en boca de Natalia Oreiro. ¿Se lo imaginan al recio de Humphrey Bogart tomar el tubo de teléfono y decir “Holiiis?”, mientras agita las pestañas? NOOO! Use el “Hable!” o el “Diga!”, que son viriles. Y por favor, al despedirse, sólo diga adiós, hasta luego, nos vemos, va fangulo, etc. Si va a decir Chau, que sea SOLO UNA VEZ. Sólo un hombre de escasa testosterona se despide con un Chau, chau!.

Por ahora, eso es todo. Obsérvense, varones, y traten de encremarse menos, caramba!