Cuántas veces hice cosas que no pensaba hacer, y dije algunas barbaridades que después me costó justificar…
Como aquello de que “mal de muchos, consuelo de tontos” no me reconfortaba, decidí averiguar si lo mío era escisión de la personalidad o posesión demoníaca. O las dos.
Buscando un poco aquí y allá, me encontré que no soy el único.
Según estudios realizados en 1979 por Benjamín Libet, un neurólogo de California, el cerebro no tiene ninguna posibilidad de alcanzar la velocidad de los acontecimientos. Esto se debe a que el tiempo de percepción está retrasado medio segundo respecto al tiempo real.
Aplicando estímulos eléctricos a la piel de varios pacientes, comprobó que éstos eran concientes del estímulo externo medio segundo después de haberse aplicado. Si la duración de la estimulación era menor al medio segundo, el sujeto no percibía nada.
En 1976, el alemán J.J. Kornhuber había demostrado que nuestro cerebro toma las decisiones casi un segundo antes de que las asumamos conscientemente.
Esa vez, se les pidió a un grupo de pacientes que flexionaran el índice de la mano derecha cuando quisieran, pero anotaran exactamente (según un reloj a la vista) cuándo decidían hacer el movimiento. Se encontró un hecho curioso: un aumento gradual del potencial eléctrico registrado durante un segundo entero, o quizá incluso hasta un segundo y medio, antes de que el dedo fuera flexionado; esto parece indicar que el proceso de decisión consciente necesita un segundo para actuar. Esto puede ser contrastado con el tiempo mucho más corto que lleva responder a una señal externa si el modo de respuesta ha sido establecido por adelantado. Por ejemplo, la flexión del dedo podría ser la respuesta al destello de una señal luminosa en lugar de ser “libremente voluntaria” (como un corredor esperando la señal de largada). En tal caso, el tiempo de reacción normal es de aproximadamente un quinto de segundo: unas cinco veces más rápido que la acción “voluntaria”.
A partir del primero de los experimentos anteriores parece deducirse que la consciencia de un suceso externo no parece ocurrir hasta medio segundo después de que haya tenido lugar el suceso, mientras que, según el segundo experimento, la acción consciente necesita algo así como un segundo o un segundo y medio antes de poder llevarse a cabo. El proceso total, desde el “input” sensorial hasta el “output” motor, parecería necesitar un tiempo del orden de dos segundos. La implicación aparente de estos dos experimentos considerados juntos es que la consciencia no puede siquiera entrar en juego en absoluto en respuesta a un suceso externo si dicha respuesta tiene que tener lugar en menos de un par de segundos.
Esto en cuanto a la conciencia. ¿Y el cerebro?
Según el director del instituto alemán Max Planck para la investigación cerebral, Dr. Wolf Singer,el cerebro es el encargado de tomar las decisiones. Lo que el ser humano experimenta como una decisión, no es otra cosa que la justificación posterior de cambios de estado que de cualquier forma sucederían, porque la información para tomar decisiones se basa en la experiencia previa”.
O sea, tengo un cerebro que no hace más que meterme en quilombos, y yo voy detrás de él como un relacionista público, racionalizando y justificando los eventos ocurridos.
Ajá.
Y yo que me creía tan piola…