Cuando escucho radio, puede haber alguna música que me llame la atención. Tal vez me guste, tal vez no. Soy sensible a cualquier tema que incluya un piano, o un pasaje de guitarra acústica, o un violín. ¿Y de dónde sale ese criterio musical, ese ángel (o demonio) que, sobre mi hombro, me susurra: “Qué buen tema..!”
Al principio, escuchaba lo que se oía en mi casa: ése es el primer “buen gusto” musical que tenemos, alimentado por algún hermano mayor (Manal, Deep Purple, Pappo’s Blues, Sui Generis, Vivencia). Pero lo que hoy escucho y me gusta no lo descubrí por mí mismo, sino gracias al consejo y guía de “padrinos” que me han hecho conocer otros mundos sonoros.
Mi primera mudanza, a sólo 2 cuadras de distancia, me puso en contacto con otros pibes que sólo conocía de lejos o de algún picadito: la barra de Gurruchaga y Cabrera. Rubén Espiño, el hijo de Don Enrique el Almacenero, me regaló mi primer LP: “A Night at the Opera” de Queen. Con esa barra conocí a Led Zeppelin (I, II, III, IV), Genesis (Selling England by the Pound), Yes (Close to the Edge, Relayer, Tormato)… También me hice amigo de Claudio, otro pibe recién mudado que aportó un Electric Light Orchestra (Eldorado, Face the Music, Out of the Blue), pero también conocí a unas amigas de él, que me hicieron oír “Conesa”, de Pedro y Pablo. ¡Qué poeta, Miguel Cantilo!
En mi trabajo estaba la radio clavada en Rivadavia; con los programas “Rapidísimo” y “La Vida y el Canto” aprendí a reconocer a los cantores de tango, y a qué orquesta pertenecían. También se escuchaba algo de folklore (Larralde, Daniel Toro).
Mi gran amigo Toby, que diariamente sumaba fieles al culto del Flaco Spinetta, me convirtió, gracias a Él! Luego Malvinas nos trajo un montón de voces que no eran habituales para nuestros oídos: la trova rosarina, el negro Rada, Lerner, y otros recién subidos al carro del rock nacional (cuándo lo vamos a llamar Rock Argentino?).
De grande he descubierto un jazz que disfruto (Chet Baker, Art Pepper, John Coltrane, etc) merced a algún documental de cable. Y cada día admiro más a Bach.
Hay un pibe en el tren, y de su mp3 sale un “ch-chchch-chchch” de una cumbia villera. Me pregunto realmente porqué le gusta, y qué padrinos musicales habrán forjado sus gustos…
barrio
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Septiembre 11, 2007