Sepan disculpar estan ausencias prolongadas. He terminado el 2010 hediendo a hospital (esa inmunda mezcla de yodo, pervinox y lágrimas), y parece que el 2011 seguirá en esa misma tesitura…
Odio los hospitales. Llevan la misma rutina que un cuartel… y la comida tiene también ese mismo gusto a asilo. Hasta el tiempo personal se modifica, y el mundo de afuera se siente desfasado, extraño, peligroso… y adentro uno es un paciente (aún los familiares-acompañantes), literalmente hablando: esperar a la enfermera, al médico clínico, al especialista, a la comida, a las visitas… Al fin, uno aprende a adaptar su tiempo al de este pequeño infierno, tal vez inmerecido.
En resumen, odio los hospitales.

Pero, como han dicho otros antes: 9 veces nos caemos, 10 nos levantamos.
La vida te tira al agua, sin que sepas nadar, y te advierte: nadá o hundite.
Y así estamos. Con los lomos doloridos de tanto bracear…

Besos a todos, y buen comienzo de año.

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