Julio 2008


“Ahhh… la época de Ramsés II…”

Hay en el mundo una raza de gente privilegiada: esa que siempre cae en el lugar indicado, en el momento preciso, que llega a horario para vivir la Edad de Oro…
Uno, generalmente, no pertenece a este selecto grupo. Vaya adonde vaya, mi estirpe siempre llega a los lugares cinco minutos después de los buenos momentos.
Para dar una ligera idea de lo que quiero describir, vayan estos ejemplos.

  • CASO 1: supongamos que es usted un hombre masculino y conoce a una señorita de buen ver. Salen, se divierten, beben tragos de colores en fiestas con amigos. Usted lo pasa bien, hasta que ven juntos un viejo album de fotos de ella. Y entonces comprueba que esta interesante mujer de hoy, hace unos años era una terrible yegua, un fatal cóctel genético de Angelina Jolie, Raquel Welch y Mónica Bellucci. Y lo que a usted le inflama la sangre es no haber estado allí. Peor: saber que algún guacho lo disfrutó antes, en el mejor momento. Para que se entienda, es como si Don Johnson le pasase una copia de “Doble de Cuerpo” de Brian de Palma a Banderas y éste viera el numerito de Holly. Tarde piaste.
  • CASO 2: Usted llega a un nuevo empleo, donde comienza a conocer los detalles de su trabajo y a sus nuevos camaradas. No faltará, seguramente, quien le refiera las magníficas condiciones de trabajo que había hace un par de años atrás, cuando usted aún no estaba ahí: que el Jefe de Personal era comprensivo, que la comida del Comedor era excelente, que no sabés qué buenas estaban las secretarias, que los sueldos estaban equiparados con los de las multinacionales, que… que… Tarde piaste.
  • CASO 3: De algún modo, usted ingresa a un nuevo grupo de amiguetes. Son agradables, buenos conversadores, ocurrentes, pero no puede faltar el “no sabés las festicholas que organizábamos hace unos años, cuando estaba Fulano, que era el alma de las fiestas. O Mengano, que se murió, pobrecito. ¿Lo conociste a Mengano? No sabés lo que era, cómo nos hacía reir…”. Tarde piaste.
  • CASO 4: Usted nace en Argentina, en los ’60s. No puede evitar oír las añoranzas de sus parientes que evocan la Edad de Oro, cuando “no se podía caminar por los pasillos del Banco Central, por la cantidad de oro acumulado!” Y usted lo único que ha conocido es la recesión, o la hiperinflación, o las devaluaciones… Tarde piaste.

Siempre hemos llegado tarde a todos lados. Cuando llegamos a una fiesta, están barriendo las serpentinas del carnaval carioca.

¿Y cómo se sale de este círculo de noria?
Una opción podría ser, tal vez, dejar de ser un perpetuo recién llegado y generar uno mismo sus propias Edades de Oro. Organizar fiestas donde la gente la pase bien y se diviertan con uno. O amar incondicionalmente a esas mujeres que han tenido un pasado revoleador, porque aún nos pueden brindar un futuro muy interesante. Tratar, en definitiva, de ser uno cada día un poco mejor para que, allá en el futuro, alguien nos sea presentado en una fiesta y nos diga: “¡No sabés cuánto me han hablado de vos! ¡Tenía muchas ganas de conocerte..!”

Y si, era inevitable…. tan cercana la fecha oficial para emocionarse y organizar festejos… No, la Navidad no es, falta para eso. Aunque, en su estructura externa, vendría a ser algo parecido. 20 de Julio, Día del Amigo.
No está mal tener un día prefijado para ser buena persona y portarse empalagosamente con los conocidos. Pero si tenemos que hacer fuerza entre todos para sentirnos amigos y juntarnos en un sitio que seguramente estará colmado de otras gentes que también celebran su amistad… No sé, no sé… Desconfío de las emociones programáticas.
Igualmente, la idea de este post no era quejarme de las festividades forzosas, sino saludar a algunos amigos que tuve y (creo) aun tengo.

  • Luis Alberto Rosas: un gran amigo y un dibujante como la copa de un pino (le debo un post con sus dibujos… Ya llegará). Luisito: dondequiera que estés, si ahí existe un bar, esperame con una cerveza como la tomabas vos, con maníes adentro ;) Un abrazo grande (si las alas me lo permiten).
  • Andrea Scipione: una gran amiga; si no hubieras conocido a mi amigo Toby, él no me hubiera presentado a vos, y no me hubieras presentado a tu amiga, hoy mi esposa. A veces, no somos más que agentes del Destino… Un abrazo, de parte del Hermano Malaquías.
  • Eliseo Brener: un compañero de primaria que recuerdo con mucho cariño. Eliseo: espero que sigas bien. Un beso a la familia.
  • La Barra de Gurruchaga. Ricky Palma, Mauricio, José Luis Jato; Gustavo, alias Takayama (el hijo del tintorero, cordobeses ambos); Rubén Espiño y otros: compañeros de infancia y adolescencia, gracias por todos los juegos compartidos. Espero que anden bien.
  • Claudio Bertolami: un gran amigo, e incluyo también a toda su familia, y a las hermanitas Irurzun (especialmente Raisa, un beso!). Gracias por todo. Como ven, no me olvido.
  • Sergio Ferraro: compañero de la agencia, buen tipo además. Un fuerte abrazo, y un cariño a la familia.
  • La Barra de Serrano. Leonor, Pablo, Vivi, Andrea, Fabián, Mariela, José Luis Alonso (que haiga paz!), José María (espero que sigas cantando), Atilio (se acuerdan?) y otros tantos que conocí aquél 20 de diciembre del 1983 en la parroquia de San Fancisco Javier. Para mí, ese es el día del amigo. Los quiero mucho, aunque les joda que no les ande zangoloteando alrededor (me he vuelto un peronista: de la casa al trabajo y del trabajo a casa; jódanse ;)
  • Toby y el Negro Hernán. Dos amigos de fierro, casi dos hermanos. Hemos vivido buenas y malas, sabiendo que el otro siempre estaba cerca. Eso, tal vez, defina al amigo: aquel con quien se descubre y comparte los grandes temas de la vida: la primer pelea, la primer borrachera, el primer llanto por una mina… ¿Te acordás aquél juramento en San Bernardo, Negro? Seguimos siempre amigos, hasta el final. Levanto mi copa por ambos.
  • Fernando el panadero, Marcelo Casado y la barra del Bar Ayer. Gracias, gracias, gracias…
  • A todos mis compañeros de laburo, antiguos y actuales (en general, he tenido tantos que hacer un listado sería interesante sólo para mí). Un fuerte abrazo.
  • Y por último, mis recientes amistades virtuales: gentes que comparten sus pensamientos y vivencias, personas a las que, salvo algunos casos, no les conozco la jeta. Son aquellos que están en la columna de la derecha de este blog, bajo el tanguero rótulo “Los Amigos Que El Oro Me Produjo…” (Beroy, tú también estás, pero más abajo, en otra categoría). Un gran abrazo a todos ustedes.

Obsérvese que no intento contactarlos para vernos en el patio de comidas de algún shopping y recordar los buenos viejos tiempos de mierda. Algunas cosas se han ido, y está bien: ya no somos los mismos. Temo reencontrarme con seres extraños, señores y señoras que se quejan de la vida de hoy con el mismo tono superficial de los noticieros; mis amigos están allá, en mi juventud, cuando éramos felices e inmortales. Estos de hoy son sólo fantasmas.

ADVERTENCIA: Si a alguno se le ocurre caer en las tontas promociones o marketing viral sobre el Día del Amigo que ya está rondando por ahí (una compañía telefónica y una marca de cerveza), plis, ruego que me dejen afuera; aquellos que sucumban a la tentación y me incluyan en algún acto lacrimógeno, serán atacados violentamente vía mail-bombing o similar. Piénsenlo bien: si me quieren, no me hagan pasar papelones.

Y como decía aquel presentador, gracias por todo. Buenas noches, y buena suerte.

Para nosotros, los hombres que trabajamos solos de noche, la radio fue siempre la amiga ideal: nos hace compañía sin exigirnos demasiado, apenas un poco de atención consciente cada tanto.
Mi relación con ella viene de mi niñez, donde siempre hubo alguna, pero jamás olvidaré un primer encuentro con una radio que, creo, era de mis abuelos, y podría fechar más o menos a mis diez años. Había en la casa un mueble bajo, oscuro y con dos puertas, como un pequeño aparador lleno de molduras. Al parecer, siempre había estado allí, sin que yo lo notase. Y un día, estando solo en la casa, me acerqué al mueble misterioso y, al abrir las puertas, me encuentro con un aparato extraño, con tres perillas gordas, rosadas y tentadoras. La de la izquierda, al ser girada en sentido horario, y tras un click inicial (que a mis pocos añitos sonaba como un fuerte y eléctrico ¡Tump!) servía para encender el aparato y darle volumen. Al comienzo se escuchaba un zumbido ligeramente amenazador y, de a poco y como viniendo del pasado, unas voces cordiales o una música un tanto distorsionada. Era una vieja radio de válvulas, y ya ver ese resplandor gradual era todo un programa…
Al girar la perilla central (menos de un cuarto de vuelta, la rueda se clavaba entre esos dos puntos con un ¡tuc! bastante seco) se podía elegir entre Onda Corta y Onda Larga, lo que supongo ahora se le llama MW o AM. Finalmente, la perilla derecha permitía navegar por las distintas estaciones de radio de esa época.
Cuando entendí que la onda corta sintonizaba programas de lugares lejanos, las posibilidades del asombro se multiplicaron. Hasta fantaseaba con la posibilidad de pescar alguna transmisión inusual: la voz de los marcianos o un pedido de socorro venido del más allá. Todavía se me eriza la piel al rememorar esa muda espectación con la mirada en la nada, la mano girando minuciosamente la perilla del sintonizador, como si fuera la caja fuerte de Alí Babá.

Y esperaba que todos se fueran de la casa, aunque sea a comprar al almacén de Jesús, que quedaba a la vuelta de mi casa natal. Y cuando me quedaba solo… ¡Qué momento inolvidable! Era la Hora Mágica. Sonido, sí, y también esas lucecitas rojas y verdes, y ese logotipo de la Stromberg-Carlson, y la fantasía de estar manejando una extraña máquina alienígena, hermosamente diseñada, con ese zumbido valvular y esas voces distantes, antiguas, artificiales tal vez…

Después vinieron otras radios: otro mueble más grande llamado combinado, con radio y bandeja para longplays; una Noblex Siete Mares, y los inevitables combos de radio-reloj, radio-tocadiscos portátil o radio-grabador. Obviamente, no le llegan ni a los tobillos a esa radio de mi niñez, una señora ya antigua para mi época, pero con ese aire de aristócrata venido a menos que me conmovía. Y su recuerdo aún hoy me emociona…