Todos hemos pasado, en alguna etapa de la vida, por un período de… ¿cómo decirlo..? “Pelotudez en barra”, con perdón de la mesa puesta. Es decir, un grupo de jóvenes ociosos, con más imaginación que buen juicio, y con ganas de divertirse a costa del prójimo.
No voy a revelar los nombres de mis cómplices, ni el de nuestras víctimas; los nombres han sido cambiados para proteger a los inocentes.
Nuestro dogma era producir perplejidad, un mínimo asombro que hiciera que la víctima dudara de su concepto de la realidad, que fuera testigo de un hecho ilógico. No admitíamos ese tipo de bromas que terminan con una víctima humillada, indefensa, temblando de ira y vergüenza por el mal rato pasado. Nuestro objetivo era, simplemente, crear un hecho artístico imperceptible.
El procedimiento era simple: se buscaba una víctima anónima y sedente: por ejemplo, un señor parado en una esquina, una de esas personas que pertenecen a esa raza de inmortales que realiza una actividad que no comprendemos, y emplea mucho tiempo en ella.
Para describir una de nuestras perfomances, o “platos del día”, usaremos los siguientes términos: la víctima será el cliente y los actores, los camareros; el jefe de operaciones, que no interviene salvo en una emergencia, es el cheff. Como en esa época no existían los celulares, trabajábamos con un lenguaje de señas previamente acordado. Y era importante que hubiera un teléfono público cerca.
Paso 1: ubicado el cliente, se acercan a él los camareros A y B, hablando entre ellos alegremente y a viva voz:
- … qué jugador, por Dios; lástima que lo quebraron y tiene para 5 fechas.
- ¿En serio?
- Sí; lo sacaron de la cancha y lo llevaron directamente a la Clínica del Buen Pie.
Se alejan, con comentarios elogiosos sobre dicho nosocomio.
Dejar pasar 5 ó 10 minutos entre un paso y otro.
Paso 2: el camarero C se dirige al teléfono público y realiza una falsa llamada a un falso médico.
- ¡Hola, doctor! ¿Cómo está? …. Si, es por la radiografía… Y me derivan a…. Sí… Traumatólogo…. La Clínica del Buen Pie… Sí, anoto…. ¡Gracias, doctor, buenas tardes!
El cliente, si oyó ambas conversaciones, piensa en casualidades.
Paso 3: Camareros E, F y G pasan, fingiendo una agria discusión, en la que se menciona la bendita Clínica.
A esta altura, el cliente empieza a dudar de su cordura o de la realidad, o bien sospecha la verdad: se trata de una conspiración bastante tonta…
Advertencia: nunca un camarero tomará contacto con el cliente, ya sea preguntando la dirección de dicho establecimiento, u otra treta similar. El cliente debe ser testigo, no actor; si el cliente se acerca y pregunta algo, deberá ignorárselo (como los camareros en la vida real, je!).
Si, después de tantos años, alguno de nuestros clientes está leyendo esto, sepa disculpar nuestra maldad inofensiva; si, en cambio, aquello le hizo pensar acerca de la naturaleza de la realidad y de la percepción… no creo que ahora esté leyendo esto.

Mayo 24, 2008 at 6:21 am
No sé si seré capaz de expresar en pocas líneas mi admiración por este tipo de “hecho artístico imperceptible”. No puedo evitar oponerlo a una supuesta broma hace poco ficcionalizada que se parece mucho a las supuestas cámaras ocultas que basan toda su gracia en la desgracia provocada gratuitamente a alguien ajeno a la trampa. En este caso, no hay trampa ni desgracia sino sutileza artística y tremenda pelotudez: dos cosas que combinan bien en su breve momento de gloria estéril. “El cliente debe ser testigo, no actor”: esta regla es profundamente ética y diferencia el pelotudo pero sutil hecho artístico de la estúpida burla a costa de un tercero inocente.
Muy buena entrada. Y mi ignorancia me ha dejado en ascuas respecto de la relación con la cita visual al suicidio de Marat. Pero, claro, nunca puede estar todo dicho… ni todo leído.
Una abrazo.
Mayo 24, 2008 at 4:21 pm
Es una broma que hasta a mí me hubiese gustado sufrir. De las que ya no se estilan, por lo sutil del planteamiento y el respeto por la víctima.
Aquí en Barcelona hay una broma institucionalizada que se gasta a los niños: L´home dels nassos (el hombre de las narices). Se supone que el día 31 sale a la calle un hombre que tiene tantas narices como días tiene el año en curso (en catalán hay un juego de palabras entre los días que tiene un año y los días que le quedan hasta terminar).
Evidentemente, algunos pobres niños salen de casa creyendo que verán a algún tipo con 365 narices.
Es, claro, una pelotudez, como decís en Argentina.
Un saludo.
Mayo 25, 2008 at 9:48 pm
Tus amigos y vos eran, sin duda y en sentido amplio, auténticos artistas. Mis amigos de entonces y yo, bastante haraganes, nunca nos hubiéramos tomado el trabajo de semejante despliegue y puesta en escena.
Un abrazo.
PD a otro camarero: Parece que van a liberar a Charlotte… dicen que cuando llegó al baño el tipo ya se había pegado un tiro.
Mayo 26, 2008 at 1:12 pm
Don Cinczéu: también leí el post de Casciari y, ya sea verídico o no, me produjo un rechazo instintivo. Me recordó a las bufonadas de mi adolescencia y decidí compartirlas aquí.
Lo que tienen las cámaras ocultas es que se termina por sospechar que está todo arreglado, al menos con los famosos.
El dibujo en cuestión es engañoso adrede: originalmente, debía ser un tipo bañándose, y en espejo debía verse la misma imagen, pero desfasada en el tiempo. Cuando comencé a hacerle el pelo enjabonado (y no sabés lo que me cuesta modelar en 3D) parecía una peluca, y me acordé del cuadro de David. Lo modifiqué todo para que le recordara algo al espectador, por eso lo de Déjà Vu, y también por eso lo pusé acá: lo que ves no es exactamente lo que ves. Como diría Brian Eno, un “accidente planeado”.
Un abrazo.
Mayo 26, 2008 at 1:21 pm
José: aquí tenemos el “Día de los (Santos) Inocentes”, que es el 28 de diciembre; día en que sacamos la bestia interior de paseo y cometemos las más crueles bromas a nuestros conocidos. La guinda del postre es, cuando la víctima cae en la trampa, soltarle la frase “que la inocencia te valga”, a lo cual el damnificado rimará, amargado, “y por el culo te salga!”. Como verás, pelotudos los hay por doquier.
¡Lo que debe gastar gastar en pañuelos un hombre polinasal! Tú, que tienes talento pa la narración, a ver si le buscas una vuelta de tuerca a la tradición.
Un abrazo.
Mayo 26, 2008 at 1:28 pm
1+: más que artistas, éramos unos inofensivos veleidosos con tiempo e inquietudes, y compartíamos un humor bastante absurdo. Era una competencia entre nosotros para ver quién ideaba el plan más inverosímil.
Me alegro por Charlotte, aunque dicen que la principal sospechosa es una tal María. Son bolas que se corren, con perdón de las señoras.
Saludos surtidos.