(Déjà Vu - P.G.Bazán, 2001)

Todos hemos pasado, en alguna etapa de la vida, por un período de… ¿cómo decirlo..? “Pelotudez en barra”, con perdón de la mesa puesta. Es decir, un grupo de jóvenes ociosos, con más imaginación que buen juicio, y con ganas de divertirse a costa del prójimo.
No voy a revelar los nombres de mis cómplices, ni el de nuestras víctimas; los nombres han sido cambiados para proteger a los inocentes.
Nuestro dogma era producir perplejidad, un mínimo asombro que hiciera que la víctima dudara de su concepto de la realidad, que fuera testigo de un hecho ilógico. No admitíamos ese tipo de bromas que terminan con una víctima humillada, indefensa, temblando de ira y vergüenza por el mal rato pasado. Nuestro objetivo era, simplemente, crear un hecho artístico imperceptible.
El procedimiento era simple: se buscaba una víctima anónima y sedente: por ejemplo, un señor parado en una esquina, una de esas personas que pertenecen a esa raza de inmortales que realiza una actividad que no comprendemos, y emplea mucho tiempo en ella.

Para describir una de nuestras perfomances, o “platos del día”, usaremos los siguientes términos: la víctima será el cliente y los actores, los camareros; el jefe de operaciones, que no interviene salvo en una emergencia, es el cheff. Como en esa época no existían los celulares, trabajábamos con un lenguaje de señas previamente acordado. Y era importante que hubiera un teléfono público cerca.

Paso 1: ubicado el cliente, se acercan a él los camareros A y B, hablando entre ellos alegremente y a viva voz:
- … qué jugador, por Dios; lástima que lo quebraron y tiene para 5 fechas.
- ¿En serio?
- Sí; lo sacaron de la cancha y lo llevaron directamente a la Clínica del Buen Pie.
Se alejan, con comentarios elogiosos sobre dicho nosocomio.
Dejar pasar 5 ó 10 minutos entre un paso y otro.

Paso 2: el camarero C se dirige al teléfono público y realiza una falsa llamada a un falso médico.
- ¡Hola, doctor! ¿Cómo está? …. Si, es por la radiografía… Y me derivan a…. Sí… Traumatólogo…. La Clínica del Buen Pie… Sí, anoto…. ¡Gracias, doctor, buenas tardes!
El cliente, si oyó ambas conversaciones, piensa en casualidades.

Paso 3: Camareros E, F y G pasan, fingiendo una agria discusión, en la que se menciona la bendita Clínica.
A esta altura, el cliente empieza a dudar de su cordura o de la realidad, o bien sospecha la verdad: se trata de una conspiración bastante tonta…
Advertencia: nunca un camarero tomará contacto con el cliente, ya sea preguntando la dirección de dicho establecimiento, u otra treta similar. El cliente debe ser testigo, no actor; si el cliente se acerca y pregunta algo, deberá ignorárselo (como los camareros en la vida real, je!).

Si, después de tantos años, alguno de nuestros clientes está leyendo esto, sepa disculpar nuestra maldad inofensiva; si, en cambio, aquello le hizo pensar acerca de la naturaleza de la realidad y de la percepción… no creo que ahora esté leyendo esto.