Abril 2008


A instancias de una vieja y reencontrada amiga, he vuelto a mi primer amor, el dibujo. La última vez que había hecho una ilustración como la gente (es decir sobre papel Schoeller, coloreado con aguada de tinta y acrílico, y repasado de las líneas con el Rotring) fue allá por los noventas. Muchas cosas han cambiado desde entonces…
En primer lugar, la modernización de los procesos de producción gráfica. Antiguamente, al original terminado se le hacía un fotocromo que después terminaba dividido en cuatro planchas de impresión (colores Cian, Magenta, Amarillo y Negro, o CMYK) para el sistema offset. En el proceso de captura de la imagen, era corriente la pérdida o unificación de ciertos matices, o el posible virado de color. Ahora, en cambio, ¡el original se hace directamente en la computadora!
Se dibuja la ilustración en lápiz (gracias a Dios, algunas cosas nunca cambian), se pasa a tinta y se escanea a escala de grises en alta resolución (300 dpi). Y aquí viene lo simpático del caso: el tratamiento informático en Photoshop.
Los ilustradores grosos dibujan directamente en la PC mediante una tableta digitalizadora (Wacom) que permite dibujar y hasta pintar el original. Como soy un croto, uso el camino más difícil: pinto con el mouse!
Con las herramientas de sombreado e iluminación, se le dan volúmenes al dibujo (a menos que uno sea de la escuela belga de la “línea clara”, con lo cual se aplican grandes plenos).

Más tarde, seleccionando y aislando cada sector para pintarlo por separado, me doy cuenta que el tiempo pasa de un modo impiadoso: cada vez que miro la hora me asombro de lo mucho que ha avanzado la aguja horaria. Se ve que estoy entretenido… Luego, se pasa la imagen en gris a color (RGB = 16,7 millones de colores posibles!).
Photoshop tiene una opción muy simpática, que es la de aplicar color a una superficie gris. Jugando con los valores de Matiz, Saturación y Brillo, se van tiñendo las áreas fácilmente. Y qué simple es ahora el arreglar una macana! Se puede volver el tiempo hacia atrás y arreglar el error (cosa que en la vida real es imposible, porque el tiempo, en realidad, no pasa; es un subproducto de nuestra conciencia, somos nosotros los que pasamos). Antes, tenía que aplicar capas y capas de acrílico para tapar el desastre.
Y como uno es un jodido, se puede seguir jugando con la imagen, y se le puede agregar texturas, brillos metálicos y efectos de luz (ver hebilla del cinturón) y otras virguerías. Este es el resultado final:


Se puede decir lo que quiera de las computadoras: que tienen a la gente encerrada en cubículos, que fomentan la violencia en los niños, que… Qué se yo: para mí es una herramienta de trabajo muy valiosa. Y entre una cosa y otra, pensando en la entropía o desorden cósmico, la famosa “flecha del tiempo”, veo que debo limpiar el mueble de la PC, lleno de tazas de café, migas de bizcochitos de grasa, salpicaduras de mate y fragmentos de goma de borrar. El tiempo no pasará, pero yo tengo un sueño que me caigo.
¡Abur!

¡Se viene la Fin del Mundo!

Vivo en una ciudad extraña, siempre bajo asedio, siempre a punto de sucumbir por el capricho de los dioses. Primero fue la Granizada Asesina (8/2006). Después, tuvimos una Nevada Mortal (7/2007) y una Tromba Marina Letal (3/2008), sin contar los Lockouts Sojeros, que provocaron la falta de alimentos en varios sectores de la ciudad, el Meteorito Fantasma de Entre Ríos, y ahora la bíblica Plaga de Humo Pestilente.
No voy a lamentarme aquí del olor molesto, ni de la picazón de garganta y ojos, ni de ese persistente gusto a quemado que tiene cualquier comida ingerida en estos días. No; simplemente quiero dejar asentados aquí algunas apostillas sobre la Plaga de Humo, y que no encontrarán en ningún Manual del Superviviente Bonaerense.

  • Los atardeceres se ven más impactantes con ese tono rojo-apocalipsis, que tanto inflama el alma (y los pulmones).
  • Algunas chicas prudentes (y algunos asmáticos y alérgicos) ya viajan en los transportes públicos con barbijo. Imposible no asociarlo con el velo oriental y pensar, ¿cómo se verán sin el barbijo?
  • Dice la fría crónica: Kin Zhong Li fue capturado en septiembre de 2006 cuando circulaba en bicicleta con un bidón de nafta, fósforos y un arma en su poder, y liberado después. Apresado nuevamente en febrero del 2007 por posesión de bombas Molotov. Se le atribuye el incendio de 11 mueblerías.” Me pregunto si seguirá encarcelado…
  • Un apicultor aficionado del Delta me cuenta, preocupado, que esta humareda no le hace nada bien a sus abejas. Modestamente, a mí tampoco, y eso que no produzco miel.
  • El chiste obvio: “¡Si los campos incendiados fueran de otra cosa, nadie se quejaría, je, je..!”.
  • Aprovechen los fumadores a despacharse a gusto: ¿quién se va a dar cuenta que están fumando? Ya se han visto a precoces fumadores volver orondos a sus casas, sin cuidarse del tufo a pucho en sus uniformes escolares.
  • Cada vez que alguien dice “humo en el ambiente”, no puedo dejar de contestar “…y un montón de gallinas” (“Mamá planchame la camisa”, Suéter, 1984).
  • Las teorías conspirativas sobre el origen de los incendios oscilan entre latifundistas que se quieren salvar con un fraude al seguro, pasando por el misterioso meteorito entrerriano (que nadie encontró) que originó el fuego, hasta los que sospechan que esto se hizo para que la gente se sintiera mal y se descargara contra el Gobierno. Andá a saber…
  • Uno, que no sabe nada, se pregunta: si hace como seis días que dura el incendio, esos campos deben tener el tamaño de Australia, y más vegetación que el Amazonas… El humo llegó hasta el Uruguay y todo.
  • No falta el que siempre se queja: “claro, ustedes los porteños se quejan porque les tocó ahora; nosotros tenemos este problema todos los años”. Uno se queja cuando le ocurren las cosas, no antes. Eso de nosotros vs. ustedes termina siendo muy funcional. Como diría Larralde: “no pretenda buscarle diferencias; unifique: es ley de patriotismo”.

Hoy, viernes, se ha sentido un poco más el efecto de la Plaga. Por las dudas, estuve observando detenidamente el comportamiento de los animales del barrio. Ya se sabe: suelen no tomar partido por teorías conspirativas, así que son bastante confiables (en ese sentido). El perro de la vuelta me ve, en silencio, caminar a lo largo de su portón enrejado y, cuando estoy por alejarme del todo, se me lanza como cancerbero echando espuma y rugiendo leoninamente: hasta ahí, normal. Los pajaritos del barrio (esos que empiezan a cantar cuando uno vuelve borracho a casa) siguen con su negocio. Como en “Encuentros Cercanos…”, convendrá salir a la calle con una jaulita preventiva.

La cosa no tiene visos de solución inmediata. Más allá de reclamar cabezas y repartir culpas, habría que investigar en serio qué pasó. Porque debido a la humareda murió gente en accidentes de tránsito, y me gustaría que todos los que rompieron las cacerolas por cuestiones mucho más discutibles, salgan ahora a reclamar por la salud de todos.
El aire es, por ahora, respirable. Veremos cómo sigue la cosa.

El post anterior trataba sobre la ubicuidad de las máquinas de Goldberg y sus variaciones; como todo tiene que ver con todo, esto enlaza con las Variaciones Goldberg, escritas por Bach, que tenía un amigo que tenía un hijo que se llamaba Johann Pachelbel, músico también él, famoso por su composición “Canon en Re mayor”.
El Canon (cuyo nombre completo es Canon y Giga en Re mayor para tres violines y bajo continuo) es una de las piezas más “homenajeadas” en el campo de la música popular. A continuación, una escueta lista con las canciones más conocidas que han incluido – de modo más o menos reconocible – el Canon de Pachelbel:

Pachelbel vs Green Day, por The Other Guys (grupo coral de la Univ. Illinois-Champaign)

Aerosmith – Cryin’
Andrés Calamardo – Paloma
Arjona – Señora de las cuatro decadas
Avril Lavigne – Sk8ter Boy
Beach Boys – Good Timin´
Bob Dylan – Working Man´s Blues #2
Bob Marley – No Woman, No Cry
Bush – Machinehead
Coolio – C U When U Get There
Dire Straits – Tunnel of Love
Green Day – Basket Case
Happa-tai – Yatta
Juanes – Volverte a Ver
Natalie Imbruglia – Torn
Oasis – Don’t Look Back in Anger
Pet Shop Boys – Go West (1993)
Polyphonic Spree – Light and Day/Reach for the sun
Ralph McTell – Streets of London
Scatman – Scatman´s World
Spiritualized Ladies and Gentlemen – We Are Floating in Space
The Beatles – Let It Be
The Farm – All Together Now
Twisted Sister – We’re Not Gonna Take It
U2 – With or Without You
Village People – Go West (1979)
Vox Dei – Presente

Seguramente, debe haber más piezas inspiradas por este canon. Circulan por Internet muchas versiones de esta composición, especialmente dos que quisiera rescatar. La primera es de un coreano que decidió electrificarla; la segunda pertenece a un comediante que, hacia el final del video, reseña las distintas canciones influidas por el Canon. En Wikipedia existe un dossier bastante extenso sobre los usos del canon en cine, TV y videojuegos.

La primera vez que la oí fue en un cassette llamado “La Música de Cosmos”, banda sonora de la serie de Carl Sagan, y me pareció una belleza. También allí escuché, por primera vez, a una obra que me conmueve hasta los tuétanos: la Partita para solo de violín No. 3 de Bach.
Desde entonces, el Canon de Pachelbel me persigue a todos lados, lo cual no es algo malo, si bien se mira...

Rube Goldberg fue un dibujante norteamericano que nació en 1883 y murió en 1970, y creó un género de chiste visual que aún perdura: las “máquinas de Goldberg”.

Son complejos dispositivos compuestos por cientos de elementos que interactúan entre sí como consecuencia de una acción detonadora de la cadena, realizando una tarea muy simple de una manera muy indirecta y complicada (abrir una puerta, preparar una tostada) mediante complicados sistemas de poleas, engranajes, fichas de dominó o bolas que ruedan. El término “máquina de Goldberg” también se aplica a cualquier aparato o programa de software que resulta más complicado de lo que es necesario para completar la tarea para la que fue diseñado.

Confieso que siempre me fascinó este tipo de artilugios, porque sospechaba que había una gran inteligencia detrás de tanta pieza móvil; que esa masa caótica, esa escultura inquieta e indecisa rendía tributo al ingenio humano.

Lamentablemente, estoy empezando a sospechar que en mi vida diaria hay más de una máquina Goldberg, que cada salto que doy para no pisar un sorete de perro cuando camino por las veredas de Dios, cada persona que me lleva por delante, cada timbre que toco, desencadena una serie de eventos desconocidos para mí, que terminarán – algún día – encendiendo una lamparita, dándole de comer al gato o encendiendo la radio.
Vivimos una vida caótica. ¿Y si ese caos, en realidad, es necesario para que, en otro sitio, otros reciban el fruto de estas complicadas operaciones?

Imaginemos que un gobierno X toma una medida económica para frenar el crecimiento de una corporación Q que le hace sombra, digamos una fábrica de analgésicos. Una medida Goldberg sería subirle a Q los impuestos; Q se indigna y manda a sus parientes y empleados, que amenazan a la población con desabastecer de medicamentos; ésta hace grandes demostraciones de fuerza, reclamando a X que cese en su injusticia, que por su culpa se ha quedado sin medicamentos (ni una aspirina quedó, vea); X mueve a sus familiares y empleados para que convenzan a la población de que Q es el responsable de los males de este mundo, y que…
Creo que la cadena sigue (los elementos de una máquina Goldberg no tienen conciencia de su papel), y se extiende en el horizonte, pero tiene un fin. Por fuerza, debe tenerlo.
No sabemos el resultado final, ni cuál es el beneficio final. Lo único que sé es que a muchos les duele la cabeza. Pero creo que, como decía mi abuela, es por el hambre…

NB: acabo de darme cuenta que la X se usa en reemplazo de “Crist” en algunos idiomas (Xmas, Xian, etc). Juro que fue coincidencia.