A instancias de una vieja y reencontrada amiga, he vuelto a mi primer amor, el dibujo. La última vez que había hecho una ilustración como la gente (es decir sobre papel Schoeller, coloreado con aguada de tinta y acrílico, y repasado de las líneas con el Rotring) fue allá por los noventas. Muchas cosas han cambiado desde entonces…
En primer lugar, la modernización de los procesos de producción gráfica. Antiguamente, al original terminado se le hacía un fotocromo que después terminaba dividido en cuatro planchas de impresión (colores Cian, Magenta, Amarillo y Negro, o CMYK) para el sistema offset. En el proceso de captura de la imagen, era corriente la pérdida o unificación de ciertos matices, o el posible virado de color. Ahora, en cambio, ¡el original se hace directamente en la computadora!
Se dibuja la ilustración en lápiz (gracias a Dios, algunas cosas nunca cambian), se pasa a tinta y se escanea a escala de grises en alta resolución (300 dpi). Y aquí viene lo simpático del caso: el tratamiento informático en Photoshop.
Los ilustradores grosos dibujan directamente en la PC mediante una tableta digitalizadora (Wacom) que permite dibujar y hasta pintar el original. Como soy un croto, uso el camino más difícil: pinto con el mouse!
Con las herramientas de sombreado e iluminación, se le dan volúmenes al dibujo (a menos que uno sea de la escuela belga de la “línea clara”, con lo cual se aplican grandes plenos).
Más tarde, seleccionando y aislando cada sector para pintarlo por separado, me doy cuenta que el tiempo pasa de un modo impiadoso: cada vez que miro la hora me asombro de lo mucho que ha avanzado la aguja horaria. Se ve que estoy entretenido… Luego, se pasa la imagen en gris a color (RGB = 16,7 millones de colores posibles!).
Photoshop tiene una opción muy simpática, que es la de aplicar color a una superficie gris. Jugando con los valores de Matiz, Saturación y Brillo, se van tiñendo las áreas fácilmente. Y qué simple es ahora el arreglar una macana! Se puede volver el tiempo hacia atrás y arreglar el error (cosa que en la vida real es imposible, porque el tiempo, en realidad, no pasa; es un subproducto de nuestra conciencia, somos nosotros los que pasamos). Antes, tenía que aplicar capas y capas de acrílico para tapar el desastre.
Y como uno es un jodido, se puede seguir jugando con la imagen, y se le puede agregar texturas, brillos metálicos y efectos de luz (ver hebilla del cinturón) y otras virguerías. Este es el resultado final:

Se puede decir lo que quiera de las computadoras: que tienen a la gente encerrada en cubículos, que fomentan la violencia en los niños, que… Qué se yo: para mí es una herramienta de trabajo muy valiosa. Y entre una cosa y otra, pensando en la entropía o desorden cósmico, la famosa “flecha del tiempo”, veo que debo limpiar el mueble de la PC, lleno de tazas de café, migas de bizcochitos de grasa, salpicaduras de mate y fragmentos de goma de borrar. El tiempo no pasará, pero yo tengo un sueño que me caigo.
¡Abur!



