Febrero 2008



A los argentinos siempre se nos acusó de tener vocación imperial. Nosotros respondíamos que, si no fuera por las naciones que nos tienen doblegados desde hace tanto tiempo, seríamos una Argentina Potencia. Bien, hace ya rato que perdimos, ya no digamos las oportunidades, si no hasta el sueño de un país fuerte y próspero y la cultura de lo nacional, la imaginería de aquello que nos representa.
Es curioso ver los malabares que hacen los noticieros cuando tienen que bautizar un suceso que ocurre en otro lar, pero que repercute en el nuestro. Cuando ocurre un descalabro en la Bolsa de Valores mexicana que amenaza con secarnos para todo el viaje, se habla del Efecto Tequila. El mismo problema, pero en Brasil es llamado Efecto Caipirinha. Calculo que si pasara en Rusia se llamaría Vodka, Pisco en Perú, etc. Pero si el tsunami económico se originara aquí, ¿que mote le pondrían en los países afectados? … Efecto Mate Amargo… Mmmm… Caña quemada Legui… Giñebra… ¿Anís 8 Hermanos? ¡No tenemos bebida alcohólica que nos represente!
Pongamos otro caso. En las películas (o en videojuegos) de peleas donde se muestran torneos internacionales, es típico que el representante de Japón sea un sumotori, el luchador anglosajón sea un boxeador o el brasileño sea un experto en capoeira. ¿Y nosotros? ¡No tenemos artes marciales autóctonas!

Decidido a recuperar, aunque sea en mi imaginación, un esplendor que quizás nunca tuvimos, desde aquí propongo la invención de un tipo de lucha que nos distinga de otros dudosos revoleadores de extremidades foráneos. El nombre es lo de menos, lo dejo a vuestro criterio. Vamos a los detalles:

  • Técnicas de lucha: como el pancrasio helénico, que era mezcla de pugilato y de lucha, nuestro arte marcial incluiría golpes de puño, patadas en los respetables, cabezazos tucumanos, talonazos en los empeines, etc. (la necesidad es la madre de la inventiva), todo adornado con ululatos varios (por ejemplo, un buen sapucai correntino) que desconcierten al contrario. Todo combate debe comenzar con un desafío al oponente, gritado en plena faz, del tipo de “los científicos argentinos son los mejores del mundo”, “sos un negro, pero de alma, no de piel”,, “Pelé se la come, el Diego se la da”, etc. La idea es que, ante tanta superioridad, el enemigo quede desconcertado. El combate termina cuando el otro luchador queda inconciente, situación que los amigos o asistentes de nuestro representante aprovecharán para afanarle la guita y/o las zapatillas.
  • Indumentaria: nada de piyamas ni túnicas; el luchador argentino debe ir de camisa, pañuelo al cuello, bombachas de campo y alpargatas (ver foto; la bota con espuelas entra en la categoría de armamento). Encima, un poncho salteño y, tal vez, boina vasca. Nada de afeminados cinturones de colores, acaso una simple cincha o unos tiradores pa’que no se le caigan los lienzos al atleta.
  • Armamento: nada de katana, facón al cinto; las nunca bien ponderadas boleadoras (bola perdida, bola pampa o Las Tres Marías) del lado izquierdo, una tacuara en la diestra. ¿Shuriken? El luchador criollo porta siempre unas galletas marineras de la semana pasada, que arroja certeramente sobre su oponente, al grito de “vuélvanse a su país, cartoneros!”. En caso de emergencia, se puede utilizar al mate como arma arrojadiza o de disuasión, permitiéndole al guerrero huir (in)decorosamente.

Ya, ya; sé que hay que pulir algunas cositas. Esto fué solo una inofensiva ensoñación (no la del tipo de “si los ingleses no hubiesen perdido durante las Invasiones…”), un pequeño divertimento personal. La tarea de convertirnos en un país en serio es, precisamente eso, un asunto serio.

Los mensajes secretos me llaman sin cesar,
atravesando el aire;
Los mensajes susurran en tus oídos,
cruzando la atmósfera.
Ellos suenan en todas partes.
(Jeff Lynne, Secret Messages – 1983)

Cuánto se ha hablado y escrito sobre los mensajes ocultos, sobre todo los de carácter satánico. Esta moda tuvo su pico en los setentas, con el auge del “rock progresivo”, y sorprendió a más de uno.
El método más empleado es el de oír la grabación en sentido inverso, lo cual expone el mensaje oculto, generalmente muy tontito y básico, del tipo “Satán!” o “amen al Grande”.
Ninguna invocación a Nyarlahotep, ni oraciones tipo “Belcebú, te ofrezco el alma de este incauto” o “puto el que oye esto”. No, nada concreto.
Si bien se mira, hay letras de canciones en inglés que abundan en términos cortos, lo que facilita el descubrimiento de palabras fantasmas cuando se oye al revés. Para oir “Satan” (fonéticamente séitan) hay que ubicar un segmento que ofrezca algo parecido a naties (dependiendo del acento del cantante): “Say not, yes! (Dí que no, sí)” daría al derecho sei nat ies, y al revés seitan ies (Satan, yes!). Y pueden aparecer muchas combinaciones que den algo así (de tonto). Peor aún, hay freses que tienen más de un significado: Time flies like an arrow (el tiempo vuela como una flecha / las moscas del tiempo gustan de una flecha).
Más complicado se vuelve en castellano, donde habría que crear textos más bien extraños para que, al revés, resulte un mensaje más o menos decente. Y sin embargo, hay ilusos que los encuentran.
En un sitio web afirman que la canción “Guapa” de Bandana (nada menos!) tiene un estribillo que dice al derecho “Dance, dance, dance, hoy tu sueño es real; dance, abre tu mente” oculta el mensaje “El Demonio es un Dios… más, más, más…el de mujer va…más, más, más… el Demonio es un Dios… más, más, más”.
La lógica me dice que al revés debiera sonar algo como “etnemut erba, snad; laerse oñeus utió snad, snad, snad”. Creo que han cambiado el “mut erba” por “mujer va” (podría ser S.U.T.E.R.B.A., llegado el caso), pero si la evidencia de satanismo es oír defectuosamente, estamos fritos. Entonces, Christopher Cross sí decía “Pingüino Rodríguez”
Uno de los argumentos que más esgrimen estos maccarthystas es si pensáramos que son casualidad no se puede explicar por qué los temas se repiten y nunca emiten mensajes positivos: drogas, alcohol, sexo libre, satanismo, etc. Sí, ya sé, está redactado para la miércoles, pero también es sospechoso que sólo se encuentren mensajes diabólicos. A propósito, ¿estarán todo el día con un Geloso escuchando en sentido inverso TODA la música del mundo en busca de iniquidades? ¿Porqué no buscar mensajes positivos? Y ya que estamos, ¿por qué no buscar mensajes “al derecho”? “Love me tender” cantado por Elvis, bien podría ser una canción cristiana.
Supongamos que se me ocurre, ya no digamos sugerir y ocultar mensajes, si no directamente invocar al Maligno en una canción. ¿Qué pasaría? ¿Crecería el consumo de velas rojas? ¿Sentiríamos repentinamente olor a azufre? ¿Ganaría Independiente..? La canción “Entregá el marrón” de Los Auténticos Decadentes, ¿es una invitación a los monjes franciscanos a que cuelguen los hábitos? Soda Stereo, tan en boga entre el piberío, ¿es un anagrama de Sado-Tereso, o sea sadismo y coprofagia?

¿Estamos todos locos?