Siete de la tarde. Feriado. Estoy en la cocina (mi oficina, podría decirse) releyendo viejos escritos de mi mocedad. “No está mal, - me digo, mientras termino el mate, que ya pide a gritos que le cambien la yerba, - un poco tosco en la ejecución pero hay un par de buenas ideas…”. La tarde era apacible, casi perfecta. Por los ventanales de la cocina se filtraban esos últimos rayos de sol, oblicuos, bellísimos, que tejían extraños signos sobre los azulejos blancos de la pared.
“-Sombras de tristeza desgastan la calle / negros sentimientos me erizan la piel…” leía yo del viejo Cuaderno de Notas, cuando de pronto…

esta noche los cumbieros levanten los brazos los wachiturros tiren pasos…

Un movimiento sísmico de grado 15, un temblor que involucra más al alma que al cuerpo, una catarata de notas disparada por un orangután drogado con un acordeón a piano… no puedo describir el golpe sónico que me hizo girar la peluca una vuelta y media, descolgando dos cuadros de la pared y haciendo estallar los frascos de condimento de la repisita. Y claro, recordé, la familia nueva que se mudó a la vuelta… -Deben tener un cumpleaños, pensaba, mientras trataba de avanzar dificultosamente en contra de la onda sónica, mientras el perrito beagle de mi vecino colindante empezaba a profetizar en arameo; hay que aguantar hasta las 2 de la mañana y después la cortan, creía inocentemente yo

asi sos vos hee hee una zorrita contra la pared!
y estabas vos hee hee apretadita contra la pared!

4:25 a.m. No parece que vaya a aflojar el ruido. Lo que sí se aflojó fue un tercer molar que me hace de badajo contra las otras piezas dentales. Mi remedio habitual, un saque de vodka, mitigó un poco el efecto del último ataque cumbiero; ya casi no tiemblo al escribir…

con las manos arriba haciendo palmass…
toda la noche yo te voy a dar cumbia mami mami si ke te va a gustar

Hace rato que mi vecino dejó de golpear la pared, pidiendo ayuda en código morse. No puedo hacer nada por él, apenas si nos saludábamos por las mañanas. Un redoble de tumbadoras especialmente grave provocó el desprendimiento de algunas nubecillas de yeso. No sé cuánto podrá aguantar el techo…

 

No se puede parar la música
Ya pasó una semana, y estos ñatos siguen con la música a todo trapo. ¿Será una familia numerosa y cumplirán años todos seguiditos?
Durante un momento de tregua, salgo nuevamente a la terraza con la cabeza envuelta en una vieja frazada del ejército, por las dudas, para mitigar el ruido cuando recomience el barullo. Hay varios pájaros muertos (uno de ellos es un albatros o una gaviota, no sé diferenciarlos), muchas hojas de árboles, un boleto de tren al que le falta una esquina, dos o tres colillas de cigarrillos. No termino de entender de dónde viene el estrépito: el fondo de mi casa da a varias viviendas linderas con vegetación alta, no se hace sencillo discriminar cuál es la casa-origen del ruido. Mientras tanto, habrá que habituarse, me digo a mí mismo, tratando de mantener en alto el espíritu…

Ya habíamos recibido anteriormente ataques desde otras casas; por la clase de música más o menos podíamos imaginarnos quién podía ser.
- Escuchá, están pasando marcha; deben ser los pibes del edificio de en frente.
O bien Los Piojos o La Renga al mangazo. Es la parejita joven de la casa en diagonal a la nuestra, creo que ella es arquitecta y él da clases de percusión. O al revés. En todo caso, se trata de una celebración, y dura un rato y ya está.
Pero estos otros ñatos escuchan cumbia a todo trapo y durante todo el día. Como si fuera la banda de sonido de sus vidas. Van al almacén con el celular en modo altavoz escuchando cumbia. Ellos y nosotros. Cumbia todo el tiempo. O peor, reggaetón, que es un engendro de laboratorio, todos los temas con la misma base (la deben comprar en el mismo lugar). Su música es (debe ser) nuestra música. Lo cual me ha llevado a una posible y espantosa conjetura: el uniregistro.

Adonde fueres…
Mi teoría es la siguiente: nosotros tenemos varios registros de conducta, aplicables según el lugar y el momento. No nos vestimos igual para un cumpleaños que para ir a hacer un trámite; ni nos comportamos del mismo modo en un funeral que en un recital de rock. Las circunstancias nos obligan a mirar a nuestros congéneres y adaptarnos. El registro, pues, cambia según nuestro entorno. ¿Me siguen hasta aquí?
Bien, el otro día estaba mirando a un tipo que estaba en pleno microcentro porteño sentado en el borde de la acera con los pantalones arremangados, tomando cerveza del pico de la botella, mientras alrededor pasaban tipos trajeados, motoqueros apurados, cadetes cargados de papeles. El tipo estaba ahí como si fuera la vereda de su casa. El mismo registro.
Otro: tres o cuatro tipos que venían de la cancha suben al tren, ajenos al gentío (hacía calor, estaba muy lleno) y seguían con esos cánticos extraños, con muchas letras i (i vamo lo pibiiisss) y aplaudiendo rítmicamente. Parecía un canto fúnebre cherokee. Y los tipos en su mundo. El mismo registro.
Y se ve que mis nuevos vecinos sufren de la misma carencia de registros. Se comportan igual en cualquier parte, como solipsistas o autistas desahuciados, cualquier lugar es lo mismo. Y también se aplica a sus gustos. No tienen variedad: lo que escuchan dentro del boliche también tiene que escucharse fuera de él. Aparentemente, pueden escuchar el mismo tipo de música todo el día, todos los días, toda su vida, sin aburrirse.
Mientras tanto, seguiremos aguantando hasta que alguna circunstancia externa o interna los convenza de que, después de todo, el silencio también es música.

 

Estas líneas que están leyendo son el comienzo de una serie de apuntes sobre las plagas caseras con las que un amo de casa debe lidiar, entre las que se cuentan insectos, felinos, aves y otras bestias.Desde ya, muchas gracias.

Linepithema Humile
Escena 1: un servidor, sentado en el baño leyendo. A pesar de lo absorbente de la lectura, algo se mueve por los arrabales de su campo de visión. “Un problema de la vista”, pensó, “las letras parecen moverse como hormigas”. Rápido vistazo de reojo. Efectivamente, eso que está en el suelo mirándome es una hormiga o una efe minúscula Times New Roman cuerpo 6, desprendida del diario. Lex parsimonia, se dijo: esa cosa ahí, en el suelo (ahora son dos) tiene que ser una hormiga.
Acostumbrado al contacto con alimañas desde su infancia, el que esto escribe acercó un tímido dedo índice, anticipando el alarido y posterior huida descontrolada del infame reptil, pero hete aquí que lejos de escapar, husmeó (o lo que sea que hacen las hormigas con las antenas) y procedió a escalar por el apéndice carnoso, cuesta arriba.
¿Qué clase de animal hace esto? No hace mucho este mismo escriba fue prepoteado por una cucaracha compadrita. Ahora, una hormiga intentaba establecer con él un contacto del cuarto tipo. Algo raro estaba pasando…

Vecinos Invasores
No es la primera vez que nos veíamos las caras: desde hace unos años, estas hormigas argentinas me andan rondando por la mesada de la cocina, esperando que termine de cocinar para ver qué pueden rapiñar. Curiosamente, no andan en pos de platos dulces: hurgan en el fondo de la bifera, buscando el juguito o la grasa de la carne, y empiezan a llamarse entre ellas, y a sus parientes. Y vienen, de a millones, casi nunca desde el mismo punto de origen: su hormiguero debe estar plagado (nunca mejor dicho) de puertas, como un shopping center. Mejor dicho, al revés: la casa donde vivo ES su patio de comidas.
Me sigue sorprendiendo lo rápido que perciben la presencia de alimentos. Sin exagerar, entre el momento en que se me vuelca algo y el instante en que aparece un explorador no pasan ni diez minutos (lo que debía ser un post de indignación se ha vuelto casi una apología himenóptera).

El Transportador
Me da lástima matarlas, tan pequeñas ellas. Tienen a su favor su gran poder residual: desde que llegaron a mi vida, he dejado de tener cucarachas y otros batracios de ese estilo. Aparentemente, compiten por el mismo nicho ecológico (sea éste cual fuere) y ganan por paliza. Y hasta les tengo cariño.
Estas dos que están en el baño son una especie de observadoras o exploradoras. El modo en que trabajosamente trepan por mi cuerpo, tratando de conocerme (hasta ahora, no me han mordido ni una sola vez) me da una especie de ternura, como la que tal vez habría sentido Dios al ver a Adán descubriendo cada nuevo árbol del Edén. Tal vez la respuesta sea más pedestre: para ellas, sólo soy su medio de transporte de larga distancia.
Para aquellos que tienen la dicha de no conocerme en persona, debo aclarar que estoy compuesto en un 70% por pelos (el 30% restante es agua), los que me permiten, por ejemplo, pasar los inviernos en camiseta. Bien, aparentemente estas hormigas emplean mis cabellos a modo de liana o garfios de doma (como en Dune) para trepar y hacerse llevar de garrón a todos lados. Cuando de chico leía que ciertas plantas prosperaban porque sus semillas eran transportadas por los animales, me causaba gracia. Ahora, que soy el animal transportador, ya no me río.

Antz
¿Qué hacer? Por ahora estamos en una especie de entente: yo no las mato y ellas me libran de los insectos que detesto, me limpian de grasa las hornallas y me cuidan la casa cuando debo salir. No sé cuánto durará este acuerdo, pero ellas se han percatado de algo, mucho antes que yo: a veces, sin pensar, me mordisqueo las uñas. Y en más de una ocasión vi a una hormiguita fatigada bajo el peso de un fragmento de materia vagamente reconocible como una uña. Y así como los ácaros se nutren de nuestra piel descamada (no los vemos, y aunque nos llene de espanto saber que nuestra cama está llena de ellos, al rato lo olvidamos), me pregunto qué otro fragmento de mi persona ha servido de alimento a estas Linepithema humile… Dejémoslo ahí.

Escena 2: esta mañana, mientras braceaba como un ahogado tratando de llegar al despertador de la mesa de luz (números verdes parpadeantes como ojos de un monstruo miope, un intermitente mugido de fastidio, no se si mío o del radiorreloj), me pareció ver algo fuera de lugar, un reflejo verdoso sobre un cuerpecito marrón y paciente…

Alguien me estaba mirando.

Y aquí seguimos, en la brecha, una vez más. Un poco más maltrecho, tal vez, pero tan insoportable como siempre…

Descubriendo un nuevo mundo: el de los amos de casa. Ya tengo domesticado al lavarropas (aunque sospecho que el muy guacho se comunica en secreto con el microondas), y he entrado en un territorio novedoso, poblado de suavizantes para ropa, jabones en polvo para lavadoras semiautomáticas y técnicas de vanguardia para el tendido de ropa.

Y si antes me quejaba del mal manejo del tiempo, hoy me he convertido en un malabarista bastante práctico: mientras se lava una tanda de ropa, voy pelando papas, tendiendo las camas o lavando el inodoro (a pesar de la centena y media de productos de limpieza que hay en un súper, ninguno quita la mugre de una sola pasada. O al menos, no en mi casa).

Como con la cocina ya me venía defendiendo bastante bien, por el lado del morfi no tengo mayor problema. Ya puede venir una guerra termonuclear: mi alacena siempre está bien surtida!

Lo único que que me falta para recibirme con el diploma dorado de Amo de Casa es organización. Ya me estoy acostumbrando a dejarme notas de un día para el otro, tipo Memento:

  • Comprar huevos y destapa-cañerías.
  • Pagar el gas y el teléfono.
  • La ontogenia resume la filogenia (no, esto era otra cosa).
  • Subir al techo a destapar los desagües.

Esto no garantiza que vaya a hacer todo eso, pero al menos constituye un atisbo de orden. Mejor sería si este sistema de notas se centrara en un solo sitio. Juro que al abrir el freezer para sacar la muzzarella, apareció una de mis autonotas (“sacar la muzzarella del freezer para el viernes”).

Y aún así, se sale adelante. Aquello de que la vida se autoorganiza parece ser cierto: a veces sólo andamos, por el mero hecho de andar.
Haciendo limpieza, encontré cajas de cosas que tenía guardadas: fotos, recortes de diarios o de revistas, cuadernos de ideas (todos repletos de comienzos de cuentos, guiones e ideas sueltas), dibujos y bocetos que, sinceramente, no recordaba haber hecho, tarjetas de cumpleaños propias y ajenas, servilletas (servilletas!!!) de papel de bares y cafés…
Uno de estos días habré de juntar valor y me pondré a revisar a fondo esos fósiles, a ver si hay algo que me recuerde, aunque sea vagamente, a ese tipo que fui alguna vez.

Y como la fiesta acaba, vayamos cerrando por hoy. Les dejo acá abajo la letra de la canción de allá arriba que, si bien nada tiene que ver con el post, bueno, así me siento ahora, enamorado del amor mismo.

Besos a todos y disfruten hoy, que mañana no se sabe.

Just a kiss, just a smile
Hold my hand baby, once in a while.
And that’s all I need, that’s all I need
And I’ll be Satisfied.

Think of me, when you’re away
Call me darling, just for today
That’s all I need, that’s all I need
And I’ll be satisfied

Oh, true love came to me, when I met you
True love makes me know I might not forget you
When you’re around me, you know you make me feel
Life is worth livin’ baby, when you’re so forgivin’

Just a kiss, just a smile
Hold my hand baby, once in a while.
And that’s all I need, that’s all I need
And I’ll be Satisfied.

Sólo un beso, sólo una sonrisa
Sostén mi mano, de vez en cuando.
Y eso es todo lo que necesito, eso es todo lo que necesito
Y estaré satisfecho.

Piensa en mí, cuando estés fuera.
Llámame cariño, sólo por hoy.
Eso es todo lo que necesito, eso es todo lo que necesito
Y estaré satisfecho.

Oh, el amor verdadero vino a mi, cuando te conocí
El amor verdadero me hace saber que no podría olvidarte
Cuando estás a mi alrededor, sabés lo que me hacés sentir
La vida merece ser vivida, nena, cuando sos tan comprensiva.

Sólo un beso, sólo una sonrisa
Sostén mi mano, de vez en cuando.
Y eso es todo lo que necesito, eso es todo lo que necesito
Y estaré satisfecho.

>

Querido Sergio Ferraro:

El 9 de mayo operaron del tumor cerebral a mi esposa Mónica, y salió bien.
El postoperatorio tuvo complicaciones: una fiebre intermitente que complicó toda la recuperación, ya que no podían encontrar la causa. Se la medicó para meningitis, y aparentemente iba bien la cosa. Pero la fiebre reapareció, y el 2 de junio una punción cerebral mostró presencia de bacterias.
La nueva medicación parecía la indicada, ya que tuvo las 48 hs sin fiebre que necesitaban los médicos para saber que ése era el camino correcto. Estaba en Terapia Intensiva recuperando muy a poco la movilidad, y tenía momentos de lucidez y buen humor.
El 4 de junio a la noche la dejé en terapia y me fui a dormir. A las 6 de la mañana llaman de la Clínica para que fueran los familiares. Mi cuñada y yo, que estuvimos durante todo el proceso, lleganos desconcertados, porque nada hacía pensar que hubiese desmejorado.
Como en esas películas tantas veces vistas, el médico de guardia se acercó y pregunto con cara de nada “ustedes son los parientes de Mónica”?
“No- me repetía a mi mismo- esto no está pasando, se equivocó de paciente, seguro va terminar diciendo que se salvó de milagro y está muy delicada”.
Estas cosas le pasan a otro, o pasan en la ficción.

El médico seguía hablando de hipotensión, braquicardia, fallo respiratorio, foco séptico… Yo escuchaba a medias, esperando que fuera al grano y se dejara de joder con esa jerga médica. Mi cuñada- que es kinesióloga y conoce más de esto- se largó a llorar y a decir que no, mi hermanita, no, y yo la miraba sin entender hasta que el tipo dijo “…embolia pulmonar, no pudimos hacer nada más.”
- Disculpame, ¿me estás diciendo que se murió?
- Sí, lo siento mucho…
- La podemos ver?
Pasamos a la sala 8, y estaba muy serena, desconectada de todos los tubos y sueros, aparentemente dormida, y cuando la toqué estaba tibia y en paz, como reponiéndose de un gran cansancio.
- No estará en coma o algo así?, le pregunté a Ana.
Me engañaba a mí mismo, y aún hoy, después del sepelio y la asistir a la despedida del féretro hacia esas terribles puertas dobles del horno de cremación, con una corona de laureles o algo así grabada en cada una de las puertas, y ver que ella se iba y me dejaba para siempre, tengo en el alma un vacío que, espero, no pueda colmar nunca, porque sé con con la aceptación viene el olvido, y sé que voy a tener que pelear cada día contra el olvido, con las cosas y las ropas y remedios y papeles que son parte de ella y que voy a tener que tirar porque ella ya no está.
Ahora, mientras escrio esto, lloro sobre el teclado, y ruego a Dios que me de entereza para cuidar bien a nuestro hijo Agustín, y a sus abuelos, que han perdido a su hija.

Disculpame si te la hice larga, hermano, pero quería contarle esto a alguien sin que me vea llorar. Me han abrazado, palmeado la espalda, me han acompañado en este trance tanto mis amigos, compañeros de trabajo, mis jefes, familiares, los compañeros de 5º año de Agustín y sus profesores; el grupo Scout de mi hijo nos ha acompañado todo el tiempo y despidieron al ataud cantando la “Canción de la Amistad” (Auld Lang Syne), me han repetido “lo que necesites, viejo” miles de veces. Y lo que necesito es llorarla como corresponde, porque era mi esposa, mi gran y único amor, mi mejor amiga y mi refugio desde aquel 13 de mayo de 1989 en que le pregunté:

- Te animás a salir conmigo?

Un abrazo.

>Terminemos la semana con una poca de música:

Leo Maslíah – Empleada de oficina que atiende al público

Entiendo que me digas que acá no es,
que es en otro lado, que no es acá;
pero yo te suplico que cuando me lo digas
no pongas esa cara ni uses ese tono,
como si solamente el suponer que fuera
acá que se atendieran esa clase de asuntos
fuera tan increíble, tan raro, tan ajeno
a las leyes más simples de la naturaleza;
tené siempre presente que si una vez, un día,
por orden de quien fuera, esta misma oficina
pasara a hacerse cargo de esa clase de asuntos
nadie se moriría, ni el sol se apagaría,
los monos no hablarían, ni el mar se secaría,
ni se derrumbaría la casa de tu tía.

Entiendo que me digas que así no va,
que me falta la firma de aquel señor;
pero yo te suplico que cuando me lo digas
no pongas esa cara ni uses ese tono
como si el solo hecho de no saber que existe
acá este requisito fuera tan degradante,
tan bobo y vergonzoso, atrevido, ignorante,
tan falto de cultura y tan desubicado;
tené siempre presente que si una vez, un día,
por orden de quien fuera o por otras razones
dejara de exigirse la firma de aquel tipo,
nadie se afligiría, ni el pan aumentaría,
ni nadie aboliría la dactilografía,
y no se rompería la tele de tu tía.

Entiendo que me digas que hay que traer
cierto certificado, cierto papel;
pero yo te suplico que cuando me lo digas
no pongas esa cara ni uses ese tono
como si tu existencia y la de tu familia
no fueran en el fondo más que una consecuencia
de algún certificado flamante y poderoso
honrado con la firma de Dios o de tu jefe;
tené siempre presente que si una vez, un día,
por orden de quien fuera o por capricho propio
el trámite dijera “NO MÁS CERTIFICADOS”,
la iglesia no diría que es una herejía,
ni las peluquerías de golpe cerrarían,
ni se marchitarían las plantas de tu tía.

Entiendo que me digas que espere allá,
que espere que me llamen sentado allá;
pero yo te suplico que cuando me lo digas
no pongas esa cara ni uses ese tono
como si este minuto en el que me atendiste
te hubiera resultado de tal modo molesto
que no te arriesgarías ni por nada del mundo
a prolongarlo un poco hablando de otras cosas;
tené siempre presente que si una vez, un día,
por orden de quien fuera o por desobediencia
alguno se quedara conversando contigo
no se te ensuciarían de porlan las encías,
ni la categoría se te encallecería,
ni se despeinaría el perro de tu tía.

Feliz fin de semana

Recomendación: esperar hasta cantar la última parte para sacar el revólver del cajón de la mesa de luz y pegarse un corchazo.

>La pesadilla de todo empleado un viernes a última hora:

“Adónde va?”

Buen Fin de Semana.

El futuro llegó hace rato
todo un palo, ya lo ves!
Veámoslo un poco con tus ojos…
El futuro ya llegó!

Yo voy en trenes!
(no tengo donde ir…)
Algo me late,
y no es mi corazón.

Cómo no sentirme así?
¡si ése perro sigue allí!
¿Qué podría ser peor? (eso no me arregla…)
Eso no me alcanza a mí!

Estás llamando a un gato con silbidos
el futuro ya llegó!
llegó como vos no lo esperabas
Todo un palo, ya lo ves

Yo voy en trenes!
(no tengo donde ir…)
Algo me late, y no es mi corazón.

Cómo no sentirme así?
¡si ése perro sigue allí!
¿Qué podría ser peor? (eso no me arregla…)
Eso no me arregla a mí..!

Buen fin de semana.

Sepan disculpar estan ausencias prolongadas. He terminado el 2010 hediendo a hospital (esa inmunda mezcla de yodo, pervinox y lágrimas), y parece que el 2011 seguirá en esa misma tesitura…
Odio los hospitales. Llevan la misma rutina que un cuartel… y la comida tiene también ese mismo gusto a asilo. Hasta el tiempo personal se modifica, y el mundo de afuera se siente desfasado, extraño, peligroso… y adentro uno es un paciente (aún los familiares-acompañantes), literalmente hablando: esperar a la enfermera, al médico clínico, al especialista, a la comida, a las visitas… Al fin, uno aprende a adaptar su tiempo al de este pequeño infierno, tal vez inmerecido.
En resumen, odio los hospitales.

Pero, como han dicho otros antes: 9 veces nos caemos, 10 nos levantamos.
La vida te tira al agua, sin que sepas nadar, y te advierte: nadá o hundite.
Y así estamos. Con los lomos doloridos de tanto bracear…

Besos a todos, y buen comienzo de año.

>

En ese sueño, camino por calles semi-desconocidas buscando vaya a saber qué, y veo pegado a una cartelera de vía pública el siguiente afiche:

Busco, pues un cine para ver esta peli, y lo encuentro casi en seguida. Siempre, en mis sueños, los cines son salas de barrio, grandiosamente decadentes y polvorientas.

Y empieza la peli, nomás…

…y, mientras aparecen los títulos, se escucha de fondo esto:

http://www.goear.com/files/external.swf?file=e8a94bd

Ahh… Lástima despertarse, no?

Buen fin de semana

Daniel Melingo – Juan
(Florencia Bonadeo / Daniel Melingo)
H2O, 1995

Salvo va
hacia allá.
Deposita sus nalgas en blanco
y se va.
Horizontes heridos
lo saludan con el viento.
Y el sol que se viste
Lo mira sin aliento.

A pesar de todo el mal,
El teniente Juancito llegará.
Un planeta lejano, lo observa
y el sabe que la noche caerá
y celebra lo eterno.

Juan salvo viaja
Despacio en el tiempo.
Cruza fronteras
que se mueven con él.

Daniel Melingo: Voz Melodica
Guillermo Vadala: Bajo
Pomo: Bateria
Larry Etkins: Fluguelhorn
Ciro Baptista: Percusion
Patan: Piano Fender Rhodes

http://www.youtube.com/v/Mi0utJuULqY?fs=1&hl=es_ES

Estamos viviendo días extraños… El pasado y el futuro se mezclan, y ya no sé si el tiempo se repite marmóticamente o, simplemente, tengo mala memoria.

Todo Vuelve
Violencia guionada, locura, xenofobia, discursos de líderes actuales escritos por el libretista de Mussolini, expulsiones de inmigrantes por su sola condición de extranjeros, planes económicos de segunda o tercera ocasión (es decir, ya fracasados), simplificación y/o degradación del razonamiento (y no sólo en las clases populares), entre otros síntomas que me hacen temer que no aprendimos nada de los errores pasados, que aunque la ciencia ha explicado muchas cosas, se siguen vendiendo libros de ovnis, programas de TV con monstruos que resultan no ser monstruos, envíos radiales que gastan una hora de su tiempo -y del nuestro, lo que es peor- contándonos historias de casas embrujadas (burda excusa para promocionar la peli Actividad Paranormal 2!).
Cuando alguien me habla de extraterrestre precolombinos se me paran los pelos y me pregunto: ¿pero toda esa truchada no la vendía el viejo Von Danniken allá por los ’70s? ¿Otra vez con lo mismo? Y gentes que uno ya los juna de lejos se presentan, frescos y rozagantes, como LO MAS, y hits popularísimos de ritmo chunga-chunga-chunga tipo Palito Ortega vuelven como plagas bíblicas, y el tema de Renato Carossone (que ya era cargoso allá por los sesenta) lo escucho hasta en el ascensor. ¡Y antes no decía Panamericano!
Si hace treinta años atrás todo eso era una chotada, ¿por qué hoy no lo es?

Cavernícolas con i-Phone
¿No aprendimos nada, o el Tiempo no sigue una flecha rectilínea?
¿Será cierto que allá en el hipotético futuro están perfeccionando los viajes en el tiempo, y ahora sentimos las consecuencias?


Algunos probables cronoviajeros pueden haber sido registrados en alguna foto o filme. Habrá que estar atentos, a ver si logramos descubrir estas extrañas anomalías (o mas bien, catacronismos).

Cronoviajero punkoide, en el centro de la foto

Otro viajero del Tiempo, tratando de tomar una instantánea

http://www.youtube.com/v/8Ni5cSUZ0u8?fs=1&hl=es_ES
Viajera capturada por Chaplin mientras hablaba por celular

Otro señor hablando por teléfono

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